Érase una vez… España

La película de Quentin Tarantino ‘Érase una vez…Hollywood’ ha sido una de las vencedoras de los ‘Globos de Oro’ y se perfila como favorita a los Oscar de 2020. El año recién estrenado donde, en el escenario del Congreso de los Diputados español, ya hemos asistido a la representación de un espectáculo político que anuncia tensiones e incertidumbres en un horizonte inmediato y con un nuevo relato que bien podría titularse: ‘Érase una vez…España’.

Porque con la culminación de la investidura de Pedro Sánchez entramos en un cambio de Régimen con el que se supera la gloriosa Transición y se pone en marcha, por primera vez, un Gobierno de coalición de las izquierdas entre PSOE y UP. Ejecutivo que apuntalan los diputados separatistas de PNV, ERC y Bildu, desde otra orilla ajena al marco constitucional español.

Lo que anuncia inestabilidad y alta tensión política, judicial y social, como lo adelantó antes de la votación final la diputada de ERC Monserrat Bassa, llamando ‘verdugos’ a los diputados del PSOE y afirmando: ‘me importa un comino la Gobernabilidad de España’.

Todo ello mientras la alargada sombra de Manuel Azaña y la II República se proyectaban en el hemiciclo desde donde los portavoces de Podemos y PNV, Pablo Iglesias y Aitor Esteban, le decían a Pablo Casado y al PP: ‘si quieren defender a la Monarquía, eviten que la Monarquía se identifique con ustedes’. Sabia recomendación por parte de quienes podrían haber añadido: ‘y el que avisa no es traidor’.

Pedro Sánchez, el rojo y el resistente, es el tenaz gran triunfador de esta jornada de su investidura por dos votos de diferencia: 167 a su favor y 165 en contra. Y es el nuevo presidente legítimo y constitucional de España que hoy asumirá su cargo ante el Rey Felipe VI prometiendo ‘guardar y hacer guardar la Constitución’.

La Constitución Española de 1978, nuestra Carta Magna de convivencia y libertades democráticas, ha sido precisamente la gran damnificada de los debates de la investidura por las embestidas que sufrió por parte los socios de Sánchez de ERC y Bildu, a los que el candidato Pedro Sánchez escuchó impasible y en silencio a pesar de que se atacaba a la Constitución y al Rey.

Sabiendo, como sabe Sánchez, que los acuerdos que ha firmado con ERC, PNV y Bildu para lograr la investidura son inconstitucionales y encierran otros pactos ocultos (sobre presos de ETA y ERC) de la mayor gravedad. Los que muy pronto van poner a prueba la firmeza de la Constitución, de los Tribunales y la legalidad. El conjunto del ordenamiento jurídico español que Pedro Sánchez pretende superar con su discurso de la no judicialización de la política. Un anunciado ‘dejar hacer y dejar pasar’ que el imperio de la Ley no consentirá.

Y puede que todo ello ocurra antes de lo que muchos se imaginan porque si el inhabilitado Quim Torra disuelve el Parlament catalán y convoca nuevas elecciones catalanas, antes que el Tribunal Supremo lo expulse del cargo, el presidente Sánchez se verá ante la tesitura de tener que conceder el indulto a Junqueras (y demás condenados por el golpe catalán). Para que el líder de ERC pueda ser candidato a la Generalitat, de acuerdo con la parte oculta de los pactos del PSOE con ERC (la cuestión de la ‘amnistía’ le llamó Rufián).

Y si no hay indultos no habrá legislatura ni Presupuestos de 2020, como lo advirtió sin rodeos Rufián. Aunque antes tendremos que conocer cuáles son las decisiones del Tribunal Supremo sobre la inhabilitación de Torra, y sobre la sentencia del Tribunal de la UE de Luxemburgo relativa a las inmunidades de Junqueras, Puigdemont y Comín. Asunto sobre el que hace poco publicó en el diario El Mundo un excelente artículo (o ‘dictamen’) el catedrático de Derecho Penal Enrique Gimbernat.

De manera que además de sus primeras medidas económicas y sociales (subidas de pensiones, SMI, funcionarios e impuestos) el nuevo Gobierno de coalición tendrá que ocuparse en los próximos días de abrir la negociación en Cataluña, y de abordar la apretada agenda judicial que le espera, bajo la atenta vigilancia de ERC.

Así arranca la legislatura y así continuará durante los primeros 100 días de Gobierno de coalición que marcarán el devenir del Ejecutivo y la fortaleza de su pretendida estabilidad.

Y con España como testigo de la nueva etapa que acaba de comenzar, con la certeza de que sí, Sánchez tiene sus razones (su expulsión del liderazgo del PSOE en octubre 2016, entre otras) y ambiciones para actuar como lo ha hecho.

De igual manera que la Constitución también tiene su fuerza y sus anclajes de acero que nadie podrá sortear y que son la mejor garantía para que España siga siendo la gran nación que es. Y la que seguirá siendo cuando esto sea Historia y la nave del Estado regrese a las aguas más tranquilas de la normalidad democrática y constitucional.