Sánchez no comparece

Siguiendo las enseñanzas de su secretario de Estado de Comunicación, el censor Miguel Ángel Oliver, el presidente en funciones del Gobierno Pedro Sánchez ha suspendido la rueda de prensa tradicional en la que los jefes del Gobierno suelen hacer un balance político del año que termina.

Así sortea Sánchez la ‘enfermiza’ -dice Oliver- manía de los periodistas a preguntar y el presidente evita tener que explicar a los españoles lo que está haciendo en la oscuridad de sus negociaciones con el delincuente Oriol Junqueras.

Y también evita hablar de lo ocurrido a largo de 2019 bajo su mandato en funciones que no es precisamente un balance positivo porque España está peor de cómo la encontró a su llegada a La Moncloa. Y a punto de entrar en el oscuro túnel de un Gobierno de coalición con Podemos, que en realidad será un ‘tripartito’ con el preso Junqueras de ‘convidado de piedra’, lo que no augura nada bueno.

Y lo que incluye una dinámica temeraria con la que Sánchez, para arreglar lo que ahora llama ‘el conflicto político’ catalán, acabará creando un más grave ‘conflicto político español’ con deterioro de la convivencia nacional y serios daños a las instituciones (empezando por la Abogacía del Estado) y a la vida democrática, ahí incluida la libertad de expresión, como lo pretende Oliver.

Todo ello al servicio de su sola ambición presidencial, mientras en el interior del PSOE crece el ruido de un silencio cobarde y cómplice, ante la incierta y arriesgada legislatura que Sánchez pretende abordar en la compañía de una extrema izquierda inconstitucional (dice Iglesias que en España hay presos y exiliados políticos) y populista como es la de Podemos.

Y con ayuda del separatismo de ERC (al que se ha sumado el PSC) desde donde dicen en referencia al golpe catalán de 2017 que ‘lo volveremos a hacer’. Y lo harán.

No quiso Sánchez intentar una alternativa de Gobierno constitucional con Cs y el PP. Ni ahora, tras las elecciones del 10 de noviembre ni después de los comicios del 28 de abril. Sánchez quería el pacto con el marxismo de Podemos y el separatismo golpista de ERC, creemos que para pasar a la Historia (a lo mejor se queda en la histeria) forzando un cambio de Régimen que a buen seguro no le saldrá bien.

Basta ver como le ha torcido la mano este Pablo Iglesias, que le quitaba el sueño hasta meterse en su cama política como vicepresidente, y como lo humillan y maltratan los de ERC en las oscuras negociaciones en las que Sánchez le dirá a Junqueras una sola palabra: ‘amén’.

La última vez que compareció Pedro Sánchez en Moncloa solo admitió dos preguntas, y ahora ya no admite ninguna ni de los medios, ni en el Congreso de los Diputados donde tampoco da la cara. Sánchez está encerrado en sí mismo y desprecia la dichosa y enfermiza manía de pensar y de preguntar de los periodistas y de sus adversarios políticos, no vaya a ser que cometa algún error que le estropee su ambición en la recta final.

Porque teme la mirada torcida y amenazante del preso Junqueras que se ha convertido, desde la cárcel, en el dueño de la situación y al que Sánchez no tardará en concederle el indulto que será la guinda de ese roscón de Reyes, relleno de sorpresas y que, en los próximos días, se empezará a comer.