La investidura de Sánchez en dificultad

Nada está escrito ni mucho menos decidido sobre la pretendida investidura de Pedro Sánchez que el PSOE espera concluir el próximo 20 de diciembre en segunda votación. Las exigencias de ERC y la entrada en la escena de Torra están complicando la negociación que a través de sus representantes están llevando a cabo Pedro Sánchez desde La Moncloa y Oriol Junqueras desde la prisión de Llenoders donde cumple su condena por los delitos de sedición y malversación.

Esta negociación entre el presidente en funciones y el delincuente preso da una idea del enorme riesgo que corre el PSOE en esta viaje hacia no se sabe dónde y ahí incluida España. Por cuanto los de ERC insisten en conseguir el compromiso escrito de Sánchez para una negociación ‘de igual a igual’ sobre la autodeterminación, la amnistía a condenados y prófugos, con Torra de interlocutor y con un ‘relator’ de por medio entre el Gobierno de España y la Generalitat,

Todo un disparate que incluye la renuncia por parte de Pedro Sánchez a la soberanía nacional y al propio marco constitucional, con el solo objetivo de que Sánchez renueve el poder. Y de sacar adelante su gobierno de coalición con Podemos y en el que Pablo Iglesias tendrá un destacado protagonismo para intentar, con nuevos impuestos y mayor gasto social, que España no cumpla sus compromisos de convergencia fiscal con la UE.

Estamos pues ante una seria y grave encrucijada en donde la oposición, que lidera Pablo Casado en nombre del PP, no mueve un dedo y está muda y bloqueada a la espera de acontecimientos.

Cuando lo que debería haber hecho Casado, desde la noche electoral del 10-N, es ofrecer a Sánchez la posibilidad de una ‘gran coalición’ de PSOE, PP y Cs, para recuperar la iniciativa constitucional frente al nuevo y más violento desafío catalán y la inestabilidad económica y social que tenemos sobre nuestras cabezas.

El problema de partida para este posible acercamiento entre PSOE y PP radica en que Sánchez se ha negado a hablar con Casado desde que se acabaron las elecciones del 10-N y eso nunca había ocurrido. Y eso fue así porque Sánchez tras su ‘amarga victoria’ decidió esa misma noche pactar con Podemos e incluir a Iglesias en el Gobierno como vicepresidente.

Lo que el pasado mes de julio descartó, como se negó a dar a Podemos el Ministerio de Trabajo que le pidieron con el argumento de que todo ello le quitaba el sueño a Sánchez. Pero ahora parece que a Sánchez no le quitan el sueño iglesias, ni Junqueras ni Torra porque lo único que le perturba es un posible pacto de gobierno con el PP o unas terceras elecciones en las que, tras el hundimiento de CS, el centro derecha podría salir vencedor.

Sánchez está en su derecho de pactar con quien quiera su investidura y al precio que considere oportuno pero todo apunta a que su tripartito con UP, ERC y el PSOE incluye graves riesgos para la unidad nacional, la estabilidad económica y para la supervivencia de su gobierno en una legislatura que no será fácil de culminar sin una nueva cita electoral.