Solo cabe la solución transversal entre PSOE y PP

Los españoles estamos en una encrucijada de difícil solución que obliga a los primeros dirigentes políticos del país a cruzar el ‘Rio Bravo’ de sus diferencias políticas, ideológicas, territoriales, y hasta personales, en pos de un acuerdo de investidura y de Gobierno que permita encontrar un lugar de estabilidad institucional y constitucional para afrontar los problemas del país.

Los que van del desafío soberanista catalán, ahora por violentos derroteros, a la crisis económica que empieza a causar estragos en el tejido social. Y de especial manera en los ámbitos más débiles de la sociedad.

En esta crisis política e institucional en la que estamos inmersos tiene una especial responsabilidad el Partido Socialista y su secretario general Pedro Sánchez que, aunque de momento lidera las opciones electorales, tampoco está en condiciones de alcanzar una cómoda mayoría para su investidura y la estabilidad del Gobierno para la aprobación de los nuevos Presupuestos.

Pero si la prioridad de Sánchez no es España sino revalidar su presidencia a cualquier precio y con cualquier aliado, aunque algunos de ellos estén fuera de la legalidad y del marco constitucional, entonces la solución de Sánchez será inestable y nos llevará al bloqueo institucional.

Y en ese caso Sánchez, inventor del ‘no es no’ que ha contagiado a otros, acabará siendo el primer problema nacional y el amo del bloqueo. Hasta  que en su partido -como ocurrió en octubre de 2016-, le pida que se aparte del liderazgo si el PSOE quiere seguir siendo uno de los pilares nacionales de la gobernabilidad del país.

La aventura del gobierno en minoría de Sánchez, tras la moción de censura a Mariano Rajoy -que salió huyendo del Congreso de irresponsable manera- que apoyaron Podemos, PNV, ERC, PDeCAT y Bildu, acabó mal durante la votación de los Presupuestos pactados entre PSOE y Podemos.

Y meses después y tras las elecciones del 28 de abril tampoco fue posible la investidura de Sánchez ni el intento, lógico, de Unidas Podemos de entrar con el PSOE en un Gobierno de coalición.

Lo que le ‘quitaba el sueño’ a Sánchez e impidió a Pablo Iglesias ‘tocar el cielo’ del poder aunque él resultara vetado por Sánchez. Y con ese segundo fracaso de Sánchez llegamos a la repetición de las elecciones del 10-N que hoy se celebran en medio de gran incertidumbre y con serios pronósticos de inestabilidad. Y con enormes dificultades para un Gobierno de la izquierda porque, además de a UP, habrá que integrar a ERC con indultos incluidos a los golpistas y a sabiendas que el soberanismo no dará un paso atrás,

Aunque de votar hemos conocido la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe de Estado catalán de octubre de 2017, la respuesta violenta de los soberanistas y especialmente de los CDR que corteja el President Torra, y la electoral exhumación y traslado con honores de los restos de Franco.  Lo que se hizo para jalear una campaña electoral manipulada desde Moncloa donde incluso ayer, en plena jornada de recesión, Sánchez hizo publicidad electoral con una falsa reunión sobre Cataluña.

Lo que nos lleva al comentario anterior de que Sánchez es capaz de todo -menos de anteponer el interés general de España- con tal de seguir en el poder. Pero Sánchez ha fracasado en dos intentos de investidura, en marzo de 2016 y el pasado mes de julio, y si fracasa por tercera vez habrá perdido su última oportunidad.

En la orilla conservadora de la política Pablo Casado desde el PP no tuvo un buen despegue en los comicios del mes de abril con sus 66 escaños. Y a la espera estamos de la gran remontada que anuncia y promete en menoscabo del PSOE y sobre todo de Cs, porque si no la consigue (al menos superando los 90 diputados) por errores propios y el ascenso de Vox, su liderazgo en el PP quedará en entredicho.

Como lo está de manera muy señalada el de Albert Rivera en Cs por causa de su incapacidad a la hora de gestionar los 57 escaños que logró el 28 de abril y con los que podría haber formado un gobierno estable y de coalición con Sánchez. O haber buscado ahora un pacto electoral con el PP -como en Navarra-, en el ‘España Suma’ que le ofreció Casado. Y que Rivera rechazó una vez que abandonó el centro para disputar liderazgo conservador.

Ahora las dos grandes incógnitas de la votación de hoy están en saber hasta dónde baja Cs y hasta dónde asciende Vox, el partido de Santiago Abascal, desde sus actuales 24 diputados.

Como está por ver si Sánchez supera los 123 escaños del mes de abril y si incluso avanza hacía los 150 que le pronosticó Tezanos desde el CIS. Y qué resultado obtienen el PP y Podemos, partido este último que confía en repetir sus 42 escaños, una vez que Carmena dejó en evidencia a Íñigo Errejón.

Así están las cosas y todo apunta a que la fotografía política nacional que saldrá esta noche de las urnas obligará a los primeros dirigentes del PSOE y PP a buscar una solución pactada transversal, por encima de las diferencias ideológicas, territoriales y programáticas.