Sánchez ocultó el golpe de Torra

Vamos de sorpresa en sorpresa y esta última es de una calado superior porque los vídeos y las confesiones del comando terrorista de los CDR en las que confirman la existencia de un plan -fallido por la detención del comando- para asaltar el Parlament de Cataluña tras la publicación de la sentencia del ‘procés’ y para que Torra, encerrado en esa institución con los CDR, pudiera volver a declarar la independencia de Cataluña es un asunto de gran calado.

Un nuevo golpe catalán del que estaban al tanto Torra y Puigdemont y el propio presidente en funciones del Gobierno Pedro Sánchez que no hizo nada al respecto a pesar de tener toda la información a través tanto del Ministerio de Interior como de la fiscalía del Estado, de la que Sánchez presume que está a su servicio.

Una declaración esta última de Sánchez, asegurando que controla a los fiscales de España -lo que no es cierto-, que sumada a su negativa a actuar con firmeza en Cataluña frente a la violencia ‘institucional’ de los golpistas, que deja a la Justicia española al pie de los cabellos de los soberanistas catalanes y de los tribunales europeos que, como los del Reino Unido y Bélgica se resisten a extraditar a España a los prófugos golpistas,

Si añadimos los últimos editoriales sanchistas del diario El País, negando la importancia de la ‘nación española’, veremos que estamos ante una crisis nacional y de Estado que requiere, en primer lugar, la salida de Sánchez del liderazgo político nacional y la formación de un gobierno de unidad nacional y constitucional entre PSOE, PP y Cs sin la presencia de Sánchez.

Y con el objetivo inmediato de formar un Ejecutivo con una amplia y estable mayoría en el Parlamento. Para que de manera inmediata y por largo tiempo se tome el control de Cataluña con el artículo 155 de la Constitución.

Un Gobierno que además prepare urgentes Presupuestos Generales del Estado que permitan hacer frente a la nueva crisis económica internacional que está aquí, y cuyas consecuencias económicas, financieras y sociales serán muy duras para el conjunto del país si no se toman medidas urgentes y no se controla el déficit y la deuda pública.

En el debate electoral ‘a cinco’ Sánchez estuvo cabizbajo y callado como la momia de Franco de cuya exhumación presume. Sin explicar su política de pactos, sus compromisos con el golpismo catalán y ahí incluido el nuevo intento de golpe de Torra, mientras la violencia soberanista reaparecía a las puertas del acto del Rey Felipe VI en Barcelona. Y, a la vez, sin ofrecer una política económica para hacer frente a la crisis que con riesgo de recesión ya tenemos encima.

Pero cuando se ha terminado el debate Sánchez se ha soltado el pelo y la lengua y le ha asestado un golpe demoledor a la Justicia española, a la vez que estallaba en los medios el intento de golpe de Torra a quien los CDR han implicado en sus confesiones en la Audiencia Nacional.

España no puede seguir al servicio de la ambición personal de Sánchez por encima de los intereses generales de España y del prestigio del país y de la Justicia española. Y todo ello mientras Torra y sus pretorianos de los CDR -con los que pensaba encerrarse en la Generalitat- amparan la violencia en Cataluña y buscan un nuevo desafío constitucional.

Ya sabemos que nadie se moverá en el PSOE y menos en el cierre de la campaña electoral. Pero a partir de los resultados del 10-N cabe esperar que notorios dirigentes socialistas, como García Paje, Vara, Díaz, Lamban y Caballero, además de Felipe González, José Bono y Alfonso Guerra, alcen su voz para exigir el fin del sanchismo.

Y para impedir la tentación de Sánchez -que la tiene- de articular un nuevo gobierno con Podemos, PNV y ERC que nos lleve a la ruptura de la unidad nacional y a una crisis económica, de Estado y nacional de consecuencias hoy incalculables de medir pero fáciles de imaginar.