Falta saber qué pasará con los votos y escaños de Cs y PP

El Tribunal Constitucional ha dado el tercer aviso a la mayoría de la Mesa del Parlament y a su presidente Roger Torrent por si vuelve a pisar la raya roja de un debate o propuesta sobre la autodeterminación. Y ahora vamos a ver si cumple su amenaza el tal Torrent o si recula como en el soberanismo suele ser habitual.

Mientras tanto la vida sigue, solo quedan tres días de campaña electoral y todo apunta a que en gran manera la suerte de los distintos partidos y sus candidatos ya está echada, y nada especial cambiará salvo movimientos en la oscuridad de los llamados indecisos de última hora.

O en el caso de una nueva intervención de los violentos CDR, como la que el pasado lunes se desarrolló ante la pasividad y narices de los Mossos, que no garantizaron la integridad física de los invitados al acto que presidió el rey Felipe VI en Barcelona.

Si Torra y sus pretorianos violentan en Cataluña la jornada de reflexión o el día electoral, entonces sí que habrá corrimiento de votos y puede que en el menoscabo del PSOE, por la pasividad de Pedro Sánchez a la hora de hacer frente a la violencia generalmente organizada por el entorno del presidente de la Generalitat.

El debate del lunes no parece haber movido los cimientos de los últimos sondeos electorales, que nos anuncian una situación de serio bloqueo para la investidura y formación del nuevo Gobierno. Sánchez no se movió y puede que su tancredismo -muy al estilo de Rajoy- sin opinar sobre los pactos o Cataluña, le haya permitido mantener su actual posición e incluso mejorarla en algunos escaños.

También defendió su posición Iglesias, pero no estuvo a la altura de sus anteriores debates, y se mostró contrariado y desconcertado por los duros ataques que recibió de Sánchez sobre la actitud de Podemos en Cataluña. Lo que para Iglesias significó que no habrá un gobierno para la izquierda sino ‘gran coalición’.

Mantuvo bien sus expectativas e incluso las mejoró Santiago Abascal con su discurso claro de una derecha radical y sin complejos para buscarse el cuerpo con Sánchez e Iglesias, motivos por los que los especialistas en los debates dijeron que Sánchez y Abascal lograron la mejor actuación.

Sin embargos las incógnitas siguen estando en el PP de Pablo Casado y en Cs de Albert Rivera, los dos candidatos que por la iniciativa de un Rivera desesperado por las encuestas se agredieron mutuamente ante la sonrisa de Sánchez y Abascal. Casado al principio se desconcertó y reprochó a Rivera esos ataques, pero el líder del PP careció de la contundencia necesaria para presentarse como líder de la Oposición.

Puede ocurrir que la tensa actuación de Rivera y sus trucos en el escenario fueran motivo suficiente para conseguir que los analistas le señalaran como el perdedor de la noche. Lo que podría confirmar el próximo domingo su hundimiento electoral. Aunque como parece lógico y muy natural entre sus dirigentes, se afirmó que Albert Rivera sí consiguió recuperar a parte de sus votantes, lo que está por ver y el 10-N se verá.

La calculada moderación de Casado, salvo en la cuestión catalana, puede que le sirva para atraer a los votantes de Cs, pero esa mojigata posición le puede hacer perder por su derecha muchos votos camino de Vox, donde Abascal montaba guardia para consolidar y mejorar su posición.

Casado necesita superar la barrera de los 90 escaños para poder afirmar en la noche electoral que el PP ha vuelto a levantar el vuelo, sobre todo si Cs se hunde y en el centro de la política se produce un vacío exponencial. Pero Casado teme la proyección de Vox, a los que no mencionó en el debate, salvo indirectamente en el minuto final para pedir el voto útil para PP en menoscabo de Iglesias y Abascal.

La suerte de las elecciones del 10-N está prácticamente echada. Apenas quedan tres días de campaña después de seis meses de discusiones y este próximo domingo las urnas hablarán.