Sánchez rechaza al PP y crece la abstención

Las últimas palabras de Pedro Sánchez en las que asegura que no pactará con el PP una ‘gran coalición’ pueden ser una mentira o una simple argucia para desmontar el discurso de Pablo Iglesias con el que acusa al PSOE de buscar un pacto de gobierno y legislatura con el PP.

El que a buen seguro es la única opción razonable para que España pueda salir de la crisis institucional en la que estamos inmersos desde hace más de un año y sin visos de solución.

Porque la otra alternativa sería un gobierno de izquierdas con Podemos en el Consejo de Ministros y ERC de un socio externo. Y ello sería desastroso para afrontar el regreso de la crisis económica y el nuevo y violento desafío del soberanismo catalán. El que ahora amenaza con impedir en Cataluña el normal desarrollo de la jornada electoral del 10 de noviembre.

Y el que se lanzará en tromba contra esa Cumbre del Clima que, de manera precipitada y electoral, Sánchez ha convocado en Madrid en los días del 2 al 13 de diciembre con un Gobierno en funciones y en plenas negociación para la investidura y la formación de un nuevo Ejecutivo.

Mientras tanto, avanza sin ideas brillantes ni soluciones creíbles esta más que agotadora campaña electoral en la que ya está dicho casi todo. Y donde las posiciones inamovibles de los partidos y los obvios discursos de sus líderes no se aprecia ni se escucha un proyecto de Estado que nos anuncie la disposición de unos y otros para instalar en el país un Gobierno estable que afronte los retos que tenemos enfrente: el nuevo y más virulento desafío catalán; y la galopante crisis económica.

Y si los partidos políticos y sus líderes continúan con sus discursos vanos y actitudes irresponsables muchos electores del 30 % de votantes indecisos que nos anuncian los sondeos electorales acabarán quedándose en su casa para integrarse, de brazos cruzados, en el ‘partido de la abstención’.

Propiciando un amplio voto de castigo a esta clase política que tenemos y se muestra incapaz de romper el bloqueo institucional. Y de conducir el país por senderos de normalidad democrática, respeto a la legalidad (que brilla por su ausencia en Cataluña) y camino de un pacto de gobierno que haga frente a la crisis económica y a su imparable impacto social.

Muchas de las elecciones o consultas nacionales que se han celebrado en países de nuestro entorno político y democrático se han convertido en un acto de castigo a los gobernantes de turno por parte de un amplio sector de ciudadanos. Lo que ha favorecido el ‘populismo’ de izquierda y derecha. Y  ha ocurrido mediante el voto a los partidos radicales o por la simple desidia y cansancio político que conduce de manera inexorable a la abstención.