La caída de Albert Rivera y Cs

En los últimos días días hemos pasado de la exhumación de los restos de Franco a la inhumación política de Albert Rivera y de su partido Cs. A los que las más recientes encuestas electorales  sitúan por debajo de los 20 escaños, 37 menos de los 57 que Cs obtuvo en los comicios del 28 de abril  hace apenas seis meses. Lo que constituye un hundimiento en toda regla que recuerda al de UCD (o al de sus predecesores de UPyD) en las elecciones de 1982.

Y lo que está provocando la caza despiadada de los votantes del centro político -que Rivera abandonó para convertirse en liberal conservador- por parte del PSOE y del PP especialmente en las provincias de la España interior. 

Frente a estas invectivas de PSOE y PP en Cs han decidido personalizar en Rivera la campaña electoral en vez de haber apostado por Inés Arrimadas (a la que Rivera abrasó al traerla a Madrid)  y el discurso del centro político que habían abandonado por el empeño de Rivera de disputar al PP el liderazgo de la derecha. En lugar de buscar un gobierno de coalición con el PSOE como lo proponían varios de sus dirigentes y que habrían convertido a Rivera en Vicepresidente. 

Ahora el pretendido renacer de Rivera parece tardío e imposible de impulsar cuando solo quedan dos semanas de campaña electoral y cuando en la opinión pública ha calado la idea de que votar a Cs no sirve para nada. Y menos para garantizar la estabilidad y gobernabilidad del país cuando, por los graves errores políticos de Rivera (y de Pablo Iglesias en Podemos, apoyando el golpismo catalán), regresa con fuerza el bipartidismo del PSOE y del PP. 

Y cuando la aparición con fuerza inusitada de la derecha extrema de Vox (a los que las encuestas les otorgan más de 35 escaños) que ayer llenó la Plaza de Colón de Madrid centra políticamente a un PP que Pablo Casado, escondiendo a Cayetana y otros halcones, intenta liderar con un discurso más moderado y centrado, del que abanderó en las elecciones del 28-A. 

Pero Rivera, que desapareció de España todo el mes de agosto y sigue tocando el violon en la cubierta de su Titanic particular, sigue sin jugar a fondo la carta de Arrinadas y del centro y cree que puede salvar a bastantes diputados de su esperado naufragio lo que no resulta fácil de creer o de imaginar. 

Sobre todo con sus habituales ocurrencias y el mono tema de la aplicación en Cataluña del artículo 155 de la Constitución. Lo que sabe que es imposible en la campaña electoral cuando lo que debería hacer es una propuesta imaginativa y viable para la constitución de un gobierno estable a partir del 11 de noviembre (por ejemplo presidido por un independiente de prestigio y con apoyo de los partidos constitucionales) en vez de pregonar su deseo de apoyar un gobierno del PP, porque para eso sus votantes se decidirán directamente por Casado. 

Rivera llega tarde incluso a su prematuro entierro político y tendrá que dimitir en la noche del 10-N tarde y mal. En lugar de haberse apartado a un lado de la campaña electoral ofreciendo a Inés Arrimadas la primogenitura del cartel electoral de Cs como le propusimos e estas páginas para salvar el centro político que ahora está a punto de naufragar.