Fracasa la respuesta política a la sentencia

La montaña política y soberanista que planeaba una espectacular y dura respuesta social a la sentencia condenatoria del Tribunal Supremo parió un ratón cabreado e integrado por los comandos de los CDR que campan a sus anchas en Cataluña con el visto bueno de la Generalitat, lo que constituye un delito del que es responsable el presidente Torra.

Pero la respuesta política soberanista y de la mayoría de la sociedad civil de Cataluña ha sido moderada, parca y sin recorrido alguno. Y no solo eso, los partidos soberanistas PDeCAT, ERC y CUP están enfrentados -con lo están Junqueras y Puigdemont- y por ahora no han logrado un acuerdo para poder articular una respuesta a la sentencia del Parlament. Lugar donde su presidente Torrent parece asustado después de las recientes advertencias del Tribunal Constitucional.

El propio Quim Torra, que ayer dijo ante la tumba de Companys eso de ‘lo volveremos hacer’, ha sido doblemente criticado por PP y Cs por jalear los tumultos de El Prat y del AVE. Pero también por el separatismo radical que le acusan de la dureza con la que se emplearon los Mossos en El Prat -uno de los heridos perdió un ojo y otro un testículo-, lo que ha indignado a los CDR y la CUP.

Nada de los dos millones de manifestantes soberanistas en las calles -eran muchos menos- de los que presumían los soberanistas años atrás. En la tarde noche del martes los alborotadores de los CDR (que los Mossos se niegan a desarticular por orden de Torra) eran unos cientos dedicados a organizar fogatas y disturbios ante las delegaciones catalanas del gobierno de España.

Además e ERC y PDeCAT han tenido que eliminar de sus candidaturas a las elecciones del 10-N a los delincuentes condenados en el Supremo porque ya está en marcha la inhabilitación de todos ellos. Y la de Oriol Junqueras hasta el otoño del año 2032. De ahí el empeño del sátrapa Gabriel Rufián de acercarse a Sánchez para implorar los indultos que permitan a su jefe lograr la libertad plena y poder ser candidato a la presidencia de la Generalitat.

Y por si algo faltara ahí está el tal Torra implorando al Rey Felipe VI, al que despreció reiteradamente en Cataluña, que lo reciba en La Zarzuela, lo que no ocurrirá. Y lo mismo le ha pedido a Sánchez para pasear otra vez el lacito amarillo por la Moncloa, mientras le exige la amnistía para los condenados, dado que los indultos dejarían fuera de esa medida de gracia a Puigdemont y a los Puyol.

Un Puigdemont que está a la espera de las consecuencias que tendrá para él una nueva ‘euroorden’ con sentencia firme del Tribunal Supremo español. Y al que el Parlamento Europeo ha vuelto a cerrar las puertas porque desde luego ha empeorado y mucho su situación procesal.

De manera que rotundo fracaso de la respuesta del soberanismo catalán a la sentencia del Supremo, adornada por la previa detención de un comando de los CDR que preparaba atentados con explosivos, y cansancio generalizado de la gran mayoría de la sociedad catalana con el no menos fracasado ‘procés’ hacia ninguna parte. Y con la enésima ruptura de los partidos que han ido sucediendo a Convergencia y que pronto alumbrarán una nueva versión más moderada (‘País de demá’), al margen de Puigdemont y Torra.

El que dice eso de ‘¡lo volveremos a hacer!’, mientras jalea tumultos y se ofrece como ‘mártir’ de una nueva sentencia que si hace falta le llegará. Aunque ya hemos visto con qué rapidez Torra ha retirado los lazos amarillos de la fachada de la Generalitat porque él también está asustado. Máxime cuando acaba de ver las barbas pelar de sus compañeros y delincuentes sediciosos y malversadores que el Tribunal Supremo acaba de condenar.