Qué le pasa a Sánchez

Pedro Sánchez el presidente en funciones del Gobierno y primer candidato del PSOE en las elecciones generales del 10 de noviembre no entiende lo que está pasando en la encuestas. Las que hace unas semanas lo ponían por las nubes con más del 35 % de los votos y ahora anda por el 27 % y bajando y no sabe bien el por qué.

Y eso que no para de conceder entrevistas y de aparecer mañana, tarde y noche en las emisoras de radio y de televisión. Y que da uno o dos mítines diarios y todo ello cuando parecía tener el viento favorable en su travesía y sus adversarios el viento de cara, especialmente Iglesias y Rivera a los que Sánchez pensaba fulminar.

Este retroceso de Sánchez en las encuestas no lo entienden en La Moncloa y por ello el presidente ha ordenado derramar el cuerno del dinero público para las autonomías, los jubilados, las peonadas del campo y los pueblos que están en quiebra.

Pero nada, ni por esas Sánchez consigue remontar el vuelo y ha tenido que mandar otra vez a Carmen Calvo al Vaticano, está vez bien vestida, para que el Papa Francisco -que no ha dicho ni pío- controle al Prior Cantera de la Basílica y no le estropee el traslado de la momia de Franco que parece ser el golpe mágico con el que Sánchez espera recuperar el impulso electoral.

No sabemos, ni él tampoco, lo que le pasa a Sánchez pero da la impresión de que habla, habla y habla y no dice nada nuevo ni atractivo. O que se le ha caído el carisma al suelo porque los ciudadanos le culpan de la repetición electoral. O simplemente que no se puede ir por la vida política en el rol de presidente, que obliga ser prudente e institucional y a la vez con el garrote en la mano y dando palos a sus adversarios.

A los que al mismo tiempo les pide que no bloqueen su investidura, que es lo que ya hizo semanas atrás con Podemos, PP y Cs pidiéndoles a los tres que le facilitaran su investidura gratis total, porque tenía más escaños. Lo que en un régimen parlamentario como el nuestro no es suficiente porque hace falta mayoría absoluta para gobernar.

Está tan desconcertado Sánchez que ya no se atreve a repetir su propuesta de rojo confederado de la ‘España plurinacional’. Y ahora ya ha rebajado la apuesta a la de ‘España plural’. Es decir más o menos la España de hoy tal y como está.

Eso sí a Sánchez le esperan ahora tres pruebas de cierto nivel: el traslado de la momia, la sentencia del procés y el Brexit. Y si en las tres citas no da el do de pecho entonces el PSOE en las encuestas no dejará de caer. Y lo que es peor sin saber el por qué.