Inés Arrimadas candidata a Presidenta, para salvar a Cs

Si, como anuncian todas las encuestas electorales Cs se hundirá en las elecciones generales del 10 de noviembre y, en esa noche triste, Albert Rivera anunciará su dimisión abriendo a Inés Arrimadas la puerta de la secesión, quizás sería más inteligente y oportuno que Rivera diera ¡ahora! el paso atrás y propusiera a Inés Arrimadas como la candidata oficial de Cs a la Presidencia del Gobierno de España.

Rivera está políticamente abrasado, no tiene credibilidad y se oculta en la ‘habitación del pánico’ que diseñó para un Pedro Sánchez que ahora, sin piedad, dice en alusión al veto que Rivera le acaba de quitar al PSOE que ‘el pánico hace milagros’.

Pero no solo en Cs, porque Pablo Casado también ya salió en socorro de Sánchez y no descarta pactar con él. E incluso en el PSOE se han producido milagros porque vemos a Sánchez dispuesto a aplicar la Ley de Seguridad Nacional en Cataluña mientras amenaza con el 155 al soberanismo catalán.

En medio de este baile de disfraces electoralistas Albert Rivera se presenta no como el Joker agresivo del momento sino como el payaso que recibe las bofetadas en el circo electoral nacional.

Y como el autor exclusivo del hundimiento de Cs por culpa de un tacticismo errático y escasa capacidad política para saber lo que pasaba en España en los últimos ocho meses, y para adivinar lo que podría ocurrir, en este país en general y a Cs en particular, en el caso de la previsible repetición electoral.

Cuando Rivera empezó a adivinar la ola gigante electoral que amenazaba a Cs comenzó con sus cabriolas en la pista central del circo español. Y ofreció en el último minuto un pacto de investidura a Sánchez con ‘condiciones’, lo que hizo sonreír a Sánchez -el verdadero y cruel Joker de La Moncloa- que despreció la oferta.

Y ahora, con las elecciones en marcha, Rivera a vuelto a hacer una segunda y patética pirueta anunciando a Sánchez que Cs le retira el veto al PSOE.

Dos volteretas tardías que confirman el pánico electoral -mas bien el terror- de Rivera y empeoran más si cabe la situación de su partido al que últimas encuestas sitúan en un escaso 10 % de los votos, cerca o detrás de Vox. Y sin un discurso político ni credibilidad para salir del profundo pozo en el que ha metido a Cs, de donde huyen la mitad (o más) de sus votantes hacia el PP, PSOE, Vox, Más País y la abstención.

¿Que hacer? Si en España existe en el centro sociológico un deseo real de equidistancia democrática y reformista, como la que pretendió Cs -y antes UPyD- en pasados años, en ese caso para salvar lo que significa la palabra ‘Centro’ (que Rivera despreció para vestirse de ‘liberal’) a Cs solo le queda una solución: la renuncia ¡ahora! de Rivera a ser candidato a la Presidencia del Gobierno, proponiendo en su lugar a Inés Arrimadas.

La que se convertiría en primera mujer de un partido nacional que opta a la jefatura del Gobierno. Una Inés Arrimadas que, además, es una luchadora valiente y ejemplar contra el separatismo catalán al que derrotó en Cataluña.

El que ahora -y una su que se conozca la sentencia del Supremo sobre el golpe catalán- será un tema central de la campaña electoral y de su debate en televisión. Y en esto de Cataluña está claro, sobre todo frente a Sánchez, que Arrimadas goza de pleno conocimiento y credibilidad.

En vez de ofrecerles tardíos regalos a Sánchez y a Casado, Rivera debería ofrecer la candidatura presidencial a Arrimadas. Y ella debería reconstruir el discurso político de Cs, con su buena imagen, su facilidad de palabra y su experiencia de victoria en el difícil teatro electoral catalán.

Podría Rivera, a la desesperada, aceptar ahora la oferta de ‘España Suma’ para salvar más de 40 de diputados de Cs -las encuestas le dicen que no llegará a 30-, pero eso anunciaría ya el fin del centro político y la posterior integración de Cs en el PP.

De manera que Arrimadas puede ser el último cartucho de Rivera para salvar a Cs de su asombrosa autodestrucción. Pero hace tiempo que Rivera sufre una cierta ceguera política que le ha impedido ver que los 57 escaños que logró el 28-A, no eran fruto de su liderazgo sino del hundimiento del PP en esos comicios en los que Casado que perdió más del 50 % de sus escaños.

Que es lo mismo que le puede ocurrir a Cs el 10-N si Rivera no se decide a adelantar ¡ahora! su retirada dando paso a Inés Arrimadas y lo deja para la noche del 10-N cuando ya no haya nada que hacer. Y cuando Cs deambule camino de su desaparición como en su día -por la ceguera de Rosa Diez- le ocurrió a UPyD.