La caza del zorro (Rivera)

Las maquinarias electorales de los partidos políticos están en marcha con vistas a los comicios generales del 10 de noviembre. Y en las estrategias de los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, prima ‘la caza del zorro’. Es decir de Albert Rivera y de los votos indecisos de Cs, como consecuencia de la crisis interna de este partido y de las continuas e inútiles volteretas políticas de su líder al que todos los medios de comunicación le auguran un imparable batacazo electoral.

Rivera, el zorro, parece acorralado por sus flancos izquierdo y derecho a pesar de que se creyó muy listo despreciando a Pedro Sánchez después de las elecciones del 28 de abril y marcando distancias con el PP de Pablo Casado con el argumento de la corrupción del PP.

Dos posiciones que Rivera ha ido rectificando en sus pactos en Ayuntamientos y Autonomías con el PP (y Vox) y con su última voltereta ofreciéndole a Sánchez en su abstención ‘condicionada’ para su investidura en el último suspiro del final de la legislatura y a sabiendas que no la iba a aceptar.

Una finta esta última donde mostró la enorme debilidad de Rivera y su miedo a las elecciones del 10-N y que solo le sirvió para conseguir unos minutos de atención mediática que al final se le está volviendo en su contra.

La caza del zorro Rivera está en marcha y, las jaurías de Sánchez, por un lado y la caballería de Casado por el otro, están cercando al raposo a izquierda y derecha con el añadido de la pregunta del millón de, visto lo ocurrido en los últimos seis meses, de: ¿para qué sirve votar a Cs?

A todo esto hay que añadir el desprecio en todo este tiempo -y en años anteriores- de Rivera al periodismo independiente sin tener un medio de referencia y a la vez refugiado en la prensa conservadora -que ahora se vuelca sólo a favor del PP-, y lo que es peor en los ‘predicadores opinadores del periodismo’ de extrema derecha que como Rivera presumen de liberales y que ahora lo corren a palos y sin piedad.

Desde luego los dos grandes errores políticos de Rivera fueron: aprobar a Mariano Rajoy los Presupuestos de 2018, en plena eclosión de la corrupción del PP, en vez de provocar el adelanto electoral cuando Cs lideraba todas las encuestas; y luego no gestionar como debió la rebelión interna de destacados dirigentes de Cs, que le avisaron de que su inmovilismo ante la crisis de inestabilidad política nacional iba a tener duras consecuencias para este partido, como ahora está ocurriendo.

Y lo más grave de esta situación es el desconcierto en el que vive Cs sin tener un discurso político atractivo y coherente, mientras intenta zafarse del abrazo del oso del ‘España suma’ en el que insiste el PP, y cuando el PSOE empieza a distanciarse del separatismo catalán que sin duda es el talón de Aquiles de Pedro Sánchez.

Sin embargo, y a pesar de su giro liberal/conservador de Cs en menoscabo de su ala mas progresista, falta saber si los 4.700.000 de votantes de Cs en las elecciones del 28-A van a repetir esta opción o si, por el contrario, cambiarán el sentido de su voto a favor del PSOE o del PP, o se decidirán por la abstención.

En todo caso la caza del zorro Rivera está abierta y parece ser el caladero de votos prioritario que se disputan el PSOE y el PP, partidos que a su vez van a intentar respectivamente recuperar votos de Podemos y Vox, en pos de una reactivación del modelo bipartidista que se fracturó en los comicios generales de 2016 y que Pedro Sánchez y Pablo Casado pretenden ahora recomponer.