Sánchez provoca elecciones y culpa a Iglesias

El Rey Felipe VI ha comunicado a la presidenta del Congreso Meritxell Batet que, tras sus consultas con los líderes de las primeras fuerzas políticas, ha constatado que no existe un candidato con apoyos suficientes para asumir un proceso de investidura, lo que conduce a la repetición de las elecciones generales el próximo día 10 de noviembre.

El principal responsable de esta situación es el Presidente en funciones del Gobierno Pedro Sánchez que ha forzado la repetición electoral, decisión que seguramente tenía tomada desde que el 25 de julio fracasó en su intento de investidura con un Gobierno de coalición con Podemos que a Pablo Iglesias le pareció vacío de competencias e insuficiente.

Pero sobre todo Sánchez decidió la repetición electoral cuando supo que los sondeos electorales daban al PSOE un notable ascenso de votos y escaños frente a los retrocesos que las encuestas les asignaban a sus más directos adversarios, Albert Rivera y Pablo Iglesias.

En su rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa para explicar su fracaso ante una eventual investidura que él nunca buscó, Sánchez no ha dicho la verdad y sobre todo se dedicó a culpar del bloqueo político a Podemos y Pablo Iglesias a los que acusó de haber impedido cuatro veces, en 2016 y 2019, que el PSOE pudiera gobernar, recordando una y otra vez que él le ofreció a Podemos el 25 de julio un Gobierno de coalición, lo que es verdad.

Pero olvidó Pedro Sánchez en su alegato contra Pablo Iglesias que él llegó a la Presidencia del Gobierno gracias al apoyo decisivo que Pablo Iglesias y Podemos le dieron en la moción de censura contra Rajoy. Y que gracias a esa Presidencia luego ganó las elecciones del 28-A y del 26-M.

También atacó Sánchez, como en él es habitual al PP y Cs, criticando que no se abstuvieran en su investidura a cambio de nada como pretendió. Y todo ello a pesar que todos saben que Sánchez ha despreciado las últimas ofertas de Iglesias y Rivera (la de Cs ridícula y a la desesperada), porque ya había decidido la repetición electoral.

Sánchez considera que, después del 10-N, le será más fácil la investidura y que, en ese momento podrá prescindir de Podemos y Cs y solo necesitará la abstención del PP. Y no las de ERC y Bildu que lastrarían la acción de su Gobierno en la legislatura, después de que se haga pública la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe catalán.

Al fondo de todo ello aparece silencioso y moderado un Pablo Casado que considera que las elecciones del 10-N también pueden beneficiar al PP si recupera votos y escaños que en los comicios del 28-A fueron a Cs y Vox.

Y ese escenario de, incipiente regreso del bipartidismo, que beneficiaría a PSOE y PP, también preocupa al nacionalismo vasco y catalán que veía en la coalición de PSOE y Podemos una oportunidad para reforzar sus políticas soberanistas contra el Estado español.

Al final de su comparecencia ante los medios Sánchez se desconcertó con la última cuestión que le hicieron en la que se le preguntó si dimitiría en caso que, tras las elecciones del 10 de noviembre, tampoco encontrara aliados para su investidura.

Una posibilidad que nadie debería descartar ante la dureza y crueldad de Sánchez con los primeros dirigentes de la Oposición. La foto de ayer de Iglesias sentado con Rivera en el bar de los Diputados del Congreso, que tanto revuelo ha causado, da fe de que existe la posibilidad de que, tras el 10-N, Iglesias, Rivera y Casado le pueden pedir al PSOE que les presente otro candidato porque ‘el problema de España es Pedro Sánchez’ y con él nunca van a pactar.