Las elecciones benefician al PSOE pero Sánchez arriesga 

El rey Felipe VI inicia este lunes la última ronda de consultas para la puesta en marcha del definitivo y último intento para la posible investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno siempre que Pablo Iglesias se allane ante la propuesta del PSOE de Gobierno en solitario, o que Sánchez acepte el Gobierno de coalición que le exige Podemos.

Dos opciones que parecen imposibles tras las respectivas negativas de los dos dirigentes políticos, que se hicieron patentes en el último debate en el Congreso de los Diputados donde Pedro Sánchez llegó incluso a rechazar el último encuentro que le pidió Pablo Iglesias.

De manera que, salvo sorpresa en ese último minuto del que hablaba José Luis Ábalos, todo apunta a que el próximo 10 de noviembre se celebrarán nuevas elecciones generales. Las cuartas en los últimos cinco años, y una vez que el Rey disuelva las Cortes porque parece que Sánchez no volverá a ser candidato a la investidura en este tramo final de tan breve legislatura.

Lo que hará que España esté sin Gobierno prácticamente hasta primeros de 2020; y en un tiempo complicado en el que se espera la sentencia del golpe catalán, el Brexit y la amenaza de un rápido empeoramiento de la economía española y europea.

El único responsable de la repetición electoral es Pedro Sánchez que no quiso el pacto con Podemos y que corrió a palos y descalificaciones al resto de los primeros partidos de la oposición, PP y Cs, a los que al mismo tiempo les pedía su abstención después de haber pactado con Bildu en Navarra.

Sánchez ha preferido las elecciones porque considera, como anuncian las encuestas, que el PSOE mejorará sensiblemente los resultados que obtuvo en los pasados comicios del 28 de abril. Y ello se hará a costa de la pérdida de votos y escaños de Cs y Podemos, los dos partidos que pueden volver a ser decisivos en un nuevo proceso de investidura tras la votación del 10-N.

Lo que en contra de lo que imagina Sánchez no debilitará la posición de Pablo Iglesias o de Albert Rivera porque, aunque tengan menos diputados, seguirán teniendo la llave de la gobernabilidad del país. Y además no van a olvidar el maltrato que han recibido de Sánchez y el intento del PSOE de buscar, en estas elecciones, la destrucción de Podemos y Ciudadanos y de los liderazgos respectivos de Pablo Iglesias y Albert Rivera.

Le quedará a Sánchez también la posibilidad de buscar una gran coalición con el PP de Pablo Casado, como ahora lo propone Alberto Núñez Feijóo. Pero esa posibilidad, inexplorada en España desde el inicio de la transición, le exige a Sánchez que renuncie a su ‘programa común progresista’ y que rompa sus relaciones especiales con el PNV, Bildu y ERC, lo que tampoco es fácil de imaginar.

Y la tercera opción, si Sánchez fracasa en su tercer intento de investidura, será que Sánchez a partir del 10-N renuncie a ser candidato y proponga a otro dirigente de su partido (podría intercambiar posiciones con Borrell) con capacidad de pacto en la investidura. Lo que no se puede contemplar es la posibilidad de unas terceras elecciones que llevarían al PSOE y España a un desastre político e institucional.

De manera que no está nada claro que el empeño de Sánchez de ir a las nuevas elecciones le vaya a salir bien a él a partir del 11 de noviembre. Como todos Sánchez correrá riesgos empezando por la incógnita de la abstención que se anuncia importante y que ya veremos a quien castiga.

Y siguiendo por el hecho de que el horizonte de una crisis económica con una recesión podría beneficiar al centro derecha. Y a no perder de vista el posible impacto de la sentencia del golpe catalán en campaña electoral, lo que podría suponer que ERC retire su apoyo a Sánchez si este no anuncia o se compromete a indultar a los golpistas que resulten condenados.

Las elecciones pueden beneficiar al PSOE pero no necesariamente a Sánchez si Podemos y Cs resisten al pretendido tsunami electoral que el PSOE cree que llegará y que los encumbrará en menoscabo de todos los demás.