Las elecciones del 10-N no cambiarán nada

Los españoles no entienden los desencuentros entre principales dirigentes políticos de este país que les impiden (como hemos visto en Italia) ponerse de acuerdo para la formación de un gobierno estable. Sobre todo cuando tenemos en el horizonte un nuevo desafío catalán a la unidad de España, el riesgo de un Brexit abrupto y de una crisis económica con recesión incluida para finales del presente año o primeros del 2020. 

Sobre todo porque lo más probable es que en caso de repetición electoral el 10 de noviembre, las urnas nos ofrecerán una fractura partidaria similar a la actual (con cierta mejora para el PSOE y bajada de Podemos y Cs) que en nada cambiará la actual situación de bloqueo político e institucional por las diferencias ideológicas, programáticas y personales que hoy existen entre los partidos nacionales y sus líderes respectivos. 

Los que hoy aparecen enfrentados en todos los ámbitos: entre la izquierda y la derecha, como ocurre entre PSOE y PP y Cs; en la izquierda como se ve  entre PSOE y Podemos; y en la derecha entre PP y Cs. Y como se aprecia entre los dirigentes nacionalistas y separatistas catalanes de PDeCAT y ERC, donde sus líderes Puigdemont y Junqueras (prófugo y preso preventivo) se llevan mal y se disputan el liderazgo del nacionalismo separatista catalán. 

Pedro Sánchez es el principal causante (‘el problema’, dice Iglesias) del actual bloqueo institucional. Y desde luego el promotor de la repetición de las elecciones para: adelantarse a la crisis económica con una renovada y más amplia mayoría; y para conseguir el deterioro del liderazgo de Pablo Iglesias y Albert Rivera, en Podemos y Cs.

Pero Sánchez se equivoca si piensa que Iglesias y Rivera, al perder algunos escaños el 10-N, se ablandarán y rebajarán sus exigencias para pactar con el PSOE. Porque, incluso con menos diputados, Iglesias y Rivera volverán a tener la llave de la mayoría parlamentaria que necesita Sánchez. Más bien al contrario a Iglesias y Rivera pedirán más o lo bloquearán porque saben muy bien que después del 10-N esa será la tercera y última oportunidad de que Sánchez logre la investidura de presidente. 

Y si no lo logra Sánchez-salvo que se atrinchere enloquecido en el búnker de La Monvloa- deberá ceder la investidura a otro candidato del PSOE que bien podrían ser: Josep Borrell, Ángel Gabilondo o Emiliano Garcia Page. O buscar unas terceras elecciones (las quintas en cinco años) que dañarían muy gravemente la situación política económica e institucional de España y en consecuencia al PSOE. 

Llevando al ánimo de los ciudadanos que el problema de España es Pedro Sánchez, porque nadie quiere pactar con él. Y porque se empeña en que Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Rivera le regalen -como ocurre ahora- la investidura a cambio de nada y gratis total. Y porque también ha querido machacar a Iglesias y Rivera con el adelanto electoral. Y si Podemos y Cs resisten medianamente bien la cita electoral del 10-N eso a Sánchez nunca se lo perdonarán. 

Un Sánchez que en marzo de 2016 pretendió, tras un pacto programático con Rivera, que el resto de los partidos nacionales se hicieran a un lado. Pero Rajoy e Iglesias le cerraron el paso a Sánchez. El que llegó a ser Presidente e 1 de junio de 2018 en la moción de censura a Rajoy que apoyó y le organizó Iglesias. Y un Sanchez que en julio de 2019 hizo a Podemos una ridícula oferta de gobierno de coalición (la que ahora quiere suprimir) y pidió a PP y Cs que se abstuvieran en la votación y también fracasó. 

Y ahora, a la tercera va la vencida del presunto triunfador, Sánchez está a punto de romper la negociación con Podemos y camino de confirmar la repetición de los comicios generales el 10-N. Una cita electoral en la que probablemente nada decisivo e importante del actual mapa político va a cambiar.

Y aunque Pedro Sánchez mejore sus resultados y parezca más fuerte, lo cierto será (si necesita a Iglesias o Rivera) que esa maniobra lo debilitará. Y lo meterá en un callejón sin salida y sin capacidad de pacto, el lugar donde sus adversarios de la izquierda y la derecha y sus compañeros del PSOE (que cree controlados) lo liquidarán.