Iglesias puede ser vicepresidente

Como el objetivo y la obsesión de Pedro Sánchez es renovar la presidencia del Gobierno al precio que sea, se puede afirmar que en caso de repetición electoral el líder de Podemos, Pablo Iglesias, puede acabar convertido en el vicepresidente primero del Gobierno de España. Para lograrlo bastaría que Podemos alcance, en los pretendidos comicios del 10 de noviembre, una treintena de diputados fieles a Iglesias que serían imprescindibles para la investidura de Sánchez. 

Por ello Iglesias debe rechazar de plano el intento de Sánchez de formar un gobierno en solitario del PSOE con apoyo externo de Podemos y abstención de ERC. Y por muy ‘bonito’ y progresista que sea el programa de Gobierno (o más bien electoral) que Sánchez les presentará el próximo martes con el objetivo de que Iglesias se humille, como cuando renunció a estar presente  en el Gobierno por el veto de Sánchez. 

Y todo esto acompañado en las últimas horas por las muy malas artes de Sánchez que acusa (como hizo Simancas en el debate del Open Arms en el Congreso) a Podemos de ‘no ser un partido de fiar’. Y mientras desde el PSOE se fomentan intrigas en el seno de Podemos y sus aliados de IU y ‘las confluencias’, para debilitar Podemos más de lo que está. 

Pero dicho está en estas páginas que ‘las escopetas, como las elecciones, las carga el diablo’. Y que la cita electoral del 10-N con la que hoy amenaza Pedro Sánchez se puede convertir en un disparo fallido que al presidente en funciones del gobierno le salga por la culata. 

Sobre todo si en esos comicios Iglesias logra reunir 30 diputados de su máxima confianza que serían imprescindibles para el nuevo intento de investidura de Sánchez, donde PP y Cs volverán a decir ‘no’ al líder del PSOE, salvo que Sánchez les ofrezca -como en Italia- un ‘gobierno de unidad nacional’. 

Y siempre que Sánchez renuncie previamente ‘a sus pompas y sus obras’ con Podemos y los partidos separatistas vascos y catalanes, negando los indultos a los golpistas y renunciando a subidas fiscales, entre otras cosas. 

Lo que previsiblemente esté Sánchez, al que le gusta presentarse como ‘el rojo’ del PSOE y ‘el resistente’ de la política nacional, no aceptará. Y por ello sólo tendrá, otra vez, a Iglesias como su única tabla de salvación para volver a la Presidencia del Gobierno que tanto ansia. 

Y ese será el momento de la esperada venganza de Iglesias contra Sánchez. En el que el líder de Podemos podrá imponer no solo su exigencia de un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos sino que, en esta ocasión,  asumiendo el propio Iglesias la primera vicepresidencia del Ejecutivo y sin aceptar veto alguno. 

Y ello aunque Podemos solo tenga 30 diputados frente a los 42 del 28-N, porque en este caso su minoría valdrá mucho más que en el pasado 25 de julio y Sánchez no tendrá otra alternativa. De manera que más le valdría a Sánchez aceptar ahora el Gobierno de coalición de julio con Irene Montero de vicepresidenta, o tendrá a Iglesias de vicepresidente después de las elecciones del 10-N. 

Salvo que Sánchez, fracasado en su enésimo intento de investidura, decida retirarse y permitir que el PSOE presente otro candidato a la Presidencia del Gobierno que pueda pactar con Pablo Casado o Albert Rivera en el centro de la política o con Iglesias en la izquierda. 

Sánchez, con su soberbia infinita, pésimos modales y obsesiva ambición personal, ha demostrado ser incapaz de pactar con nadie. Y menos aún como lo pretende, subyugando al pretendido aliado, o con amenazas y chantajes como la retención de la financiación autonómica o la repetición electoral . 

Y siempre pretende el poder gratis como en la moción de censura que le organizó y regaló Iglesias a cambio de nada. O de un ‘programa progresista’ que está por ver y carece de valor para Podemos si no están en el Gobierno para garantizar que, lo que se pacte, se va a cumplir y aplicar. 

Iglesias le dijo a Sánchez en el final del debate de la fallida investidura del pasado 25 de julio: ‘usted nunca volverá a ser el presidente del Gobierno’. Pues la profecía se puede cumplir si hay elecciones el 10-N e Iglesias logra 30 diputados irreductibles lo que obligará a Sánchez a nombrar a Iglesias, sin más vetos, vicepresidente del Gobierno.

O, en caso contrario. Sánchez deberá ponerse a hacer sus maletas para abandonar La Moncloa a la mayor brevedad porque probada su absoluta incapacidad de pactos, se habrá convertido en el primer problema nacional y a partir de ese momento el PSOE no tendrá más remedio que reaccionar.