Iglesias ante el desguace de Podemos

Pablo Iglesias ya habrá perdido la cuenta del número de veces que repitió para sus adentros aquello de ‘¡qué error, que inmenso error!’ he cometido al no aceptar la última oferta de Pedro Sánchez, para que Podemos entrara en el Gobierno de coalición que se hundió el pasado 15 de julio al dinamitar con su abstención los ‘podemitas’ la investidura.

Puede que nunca más Iglesias, por persona interpuesta de su compañera Irene Montero, haya estado tan cerca del poder que tuvo al alcance de sus manos. Y todavía le queda la esperanza de volver al pacto fallido siempre que Sánchez, si teme nuevas elecciones por causa del riesgo posible de recesión, les brinda una segunda oportunidad.

Al mástil, como Ulises, del desvencijado barco de Podemos deberá atarse Iglesias y con cera en los oídos para no sucumbir a las presiones de sus compañeros de la izquierda radical (separatistas, anticapitalistas e IU) que se conforman con el gobierno en solitario y ‘a la portuguesa’ del PSOE y ya no exigen la pérdida ‘coalición’ que parece hundida en el fondo del mar.

Iglesias se equivocó y ahora se encuentra ante la disyuntiva de tener que votar a Sánchez gratis total (como en la moción de censura) o aguantar el tirón a ver si Sánchez les ofrece una segunda oportunidad de coalición.

Pero mientras tanto el barco de Podemos hace agua por distintas vías. En Galicia viven en crisis permanentemente, en Cataluña están a las órdenes de Junqueras y Colau, en Madrid están rotos y temerosos de Errejón y ahora en Andalucía Teresa Rodríguez se fuga con el Podemos del Sur camino de su plena autonomía.

Al final tanto hablar Iglesias del derecho de autodeterminación y mire usted por donde ha centrifugado su propio partido con la misma facilidad que él quería centrifugar España. Y ahora Iglesias está, políticamente, más solo que la una en su bonito chalé sabiendo de que si no logra reactivar el Gobierno de coalición su liderazgo se acabará en Vistaalegre III. Y que si finalmente se queda fuera de la pastelería del poder sus propios taifas lo derrocarán.

Quería Iglesias asaltar el cielo y se ha quedado en el limbo y a la espera de una nueva oportunidad que de momento no llega, por más que Echenique implore al PSOE la apertura de una nueva negociación.

En la creencia Iglesias que Sánchez tampoco está para tirar cohetes porque Pablo Casado y Albert Rivera no quieren pactar con el. Y porque el horizonte de recesión puede favorecer -por temor de los votantes a la izquierda- al centro derecha en caso de repetición electoral. Iglesias sigue por ahora atado al mástil de su desvencijado barco, mientras Sánchez consulta a los oráculos sobre el rumbo a tomar. Lo que en un par de semanas se sabrá.