Sánchez, el condenado por desconfiado

Al término de su encuentro con el Rey Felipe VI en Palma de Mallorca el presidente en funciones del Gobierno Pedro Sánchez ha declarado, a propósito de sus negociaciones para un nuevo intento de investidura, que entre Podemos y el PSOE se mantiene una desconfianza mutua y recíproca.

Vamos, que Pablo Iglesias considera que Sánchez no es de fiar y por ello exige la presencia de Podemos en un gobierno de coalición para que se cumpla el programa conjunto; y que Pedro Sánchez considera que Iglesias no es de fiar y que su promesa de lealtad al presidente del Gobierno no tiene la necesaria credibilidad, sobre todo en lo relativo al desafío catalán.

Y lo mismo les ocurre a Pablo Casado y Albert Rivera con Pedro Sánchez, que no se fían de él vistos los compañeros de viaje que eligió para la moción de censura contra Rajoy y el reciente pacto del PSOE con Bildu en Navarra.

Sánchez, pues, reconoce que no es de fiar y o sabe que o vuelve a pactar con Iglesias el gobierno de coalición o no tendrá más salida que la repetición electoral el 10 de noviembre.

Y si después de esas elecciones el reparto de escaños en el Congreso de los Diputados es parecido o similar al actual Sánchez deberá allanarse ante las exigencias de Iglesias, o el PSOE deberá presentar otro candidato más ‘de fiar’ a la investidura para que pueda pactar con PP o Cs un gobierno de corte constitucional.

Y si eso ocurre se habrá cumplido la ‘maldición’ de Iglesias en la que dijo a Sánchez durante el debate de investidura del 25 de julio: ‘usted no volverá a ser nunca presidente del Gobierno’.

Estamos ante una nueva y especial versión de la obra de Tirso De Molina ‘El condenado por desconfiado’, en la que el delincuente, el ladrón Enrico, se acaba salvando cuando muere por su esperanza y su amor a su padre y su novia, mientras que el monje Paulo, desconfiado y soberbio (como Sánchez) se acaba condenando por desconfiar y no creer en la piedad de Dios.

De manera que vamos a ver qué pasa en las próximas semanas pero todo apunta a que Iglesias tiene las de ganar y que habrá gobierno de coalición, porque la fórmula portuguesa de gobierno socialista en solitario demostró que el primer ministro portugués no cumplió los compromisos que adquirió para llegar al poder con el apoyo de la izquierda radical.

Sánchez tiene, desde luego, la opción de las nuevas elecciones pero, dicho está, que las elecciones como las escopetas las carga el diablo y que se corre el riesgo de que un disparo se pueda escapar por la culata y hacia el desconfiado cazador que, en ese caso, resultaría cazado por causa de su propia ambición.