Cómo hemos llegado en España a esta lamentable situación

En este tiempo de zozobra institucional y bloqueo político español conviene echar la vista un tiempo atrás para entender la temeraria deriva del PSOE en el ámbito democrático y constitucional y el fin del Régimen de la Transición. Ahí incluido el propio régimen felipista (de Felipe González) de poder basado en la promiscuidad de los poderes públicos y económicos, lo que mantuvo y desarrolló José María Aznar a su paso por el poder, del que salió mal parado por sus errores y mentiras.

Mucho se ha escrito a propósito de la muerte del abogado Matías Cortes, al que el Grupo PRISA ha presentado como excelente abogado y amante de la música, como si fuera un mecenas o un personaje angelical cuando lo cierto fue que Matías era uno de los mayores intrigantes del Reino, y pieza crucial del ‘Régimen felipista’ de poder político, económico y mediático (1982-1996) que lideró Felipe González y acabó con la llegada de José María Aznar a La Moncloa en 1996.

Pero el felipismo, como todo, se acabó y González, que previamente había expulsado a Alfonso Guerra de su Gobierno -con una maquiavélica carta que se ha conocido hace poco-, no logró que su modelo social liberal del PSOE de entonces se prolongara en su partido, máxime tras el estallido de la crisis financiera internacional de 2008 que causó en España importantes destrozos sociales, bajo las presidencias de Zapatero y Rajoy.

Aunque si se mantuvo, deteriorado, el Régimen político-económico de la Transición donde no se practicaba la separación de los poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) sino la acumulación de estos poderes bajo el mando único del Presidente del Gobierno y en constante connivencia y promiscuidad por los poderes económicos y financieros, a su vez dueños de los grandes medios de comunicación.

En 1996 Aznar imponía su rumbo hacia el flanco ultra conservador, tras pagar un duro peaje a Jordi Pujol en su investidura, pero su buena gestión económica le llevó a su victoria por mayoría absoluta en el año 2000. Y ello a pesar de una incipiente gran corrupción en el PP (en su mandato se instaló Gürtel y la doble contabilidad del partido) y con el estrambote, durante su despedida, de sus grandes mentiras de la guerra de Irak y de los atentados del terrorismo islámico del 11-M en Madrid. Mentiras que provocaron en 2004 la derrota del sucesor predestinado Mariano Rajoy en favor de José Luis Rodríguez Zapatero.

Fue precisamente en el año 2000 cuando (tras el paréntesis de la victoria de Josep Borrell en la primarias del PSOE de 1998, destrozada por el felipismo de PRISA y González) se produjo la quiebra definitiva de la estela felipista social liberal del PSOE con la sorprendente llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la secretaría general socialista.

Esa fue la venganza de Alfonso Guerra contra Felipe González cuando, 9 años después de su expulsión del Gobierno en 1991, utilizó a sus afines en el 35 Congreso del PSOE para favorecer la victoria del joven José Luis Rodríguez Zapatero por solo 9 votos de diferencia frente a José Bono. El que era el candidato felipista y del ‘establisment’ o núcleo económico del Régimen de la Transición.

De ese régimen social liberal del felipismo que Zapatero destruyó en el PSOE a igual que otras muchas cosas como: la ‘reconciliación nacional’ de la Transición, la estabilidad económica en la crisis de 2008 que él negó, o el renovado e inconstitucional estatuto catalán (que fue la base y causa del golpe de Estado de 2017 en Cataluña).

Todos estos disparates de ZP facilitaron la llegada de Rajoy al poder en 2011 con un Gobierno que gestionó con mano de dura la salida de la crisis económica, pero dejando en el país una gigantesca bolsa de desamparados y arruinados de clases medias a los que Rajoy desprecio. Lo que sumado a la gran corrupción del PP y a los desastres anteriores de Zapatero acabó con ‘el bipartidismo’ PSOE-PP y facilitó en las elecciones de 2015 la entrada en el Parlamento de Podemos y Ciudadanos.

Mientras tanto en el PSOE y tras los destrozos de Zapatero el felipismo volvió a la carga para recuperar el control del partido. Primero con Alfredo Pérez Rubalcaba al que derrotó Sánchez y luego con Susana Díaz, y tras la caída de Sánchez en el ruidoso Comité Federal del PSOE de 1 de octubre de 2016 (provocada por el poder económico y por el felipismo).

Lo que permitió la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy a finales de 2016 tras la repetición electoral, una vez que tras las elecciones de 2015 PP y Podemos impidieron la llegada de Pedro Sánchez al poder en coalición con Albert Rivera en marzo de 2016.

El mismo Sánchez que, regresado al liderazgo del PSOE en la primavera de 2017 tras derrota a la última felipista Susana Díaz, pactó con el PP de Rajoy la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña tras el fallido golpe catalán del 27-O de ese mismo año. Y el mismo Sánchez que, en pleno estallido de la corrupción del PP con la sentencia condenatoria de Gürtel, llegó al Gobierno de España al triunfar la moción de censura contra Rajoy el 1 de junio de 2018.

Lo que fue posible con el apoyo de Iglesias, Junqueras, Puigdemont, Otegui y Ortuzar. Una alianza que Rubalcaba llamó el ‘gobierno Frankenstein’. Y la misma y oscura alianza que Sánchez pretende renovar ahora en un nuevo intento de investidura (tras el reciente fallido de 25 de julio) antes del día 23 de septiembre para evitar la repetición electoral el próximo 10 de noviembre.

Y en estas estamos y aquí hemos llegado cuando esté país sin Gobierno y sin Presupuestos de 2019, que se prepara para abordar los desafíos del Brexit y la revuelta catalana que seguirá a la publicación de la sentencia sobre el golpe de Estado catalán de 27 de octubre de 2017. Unas semanas después de que el Rey Felipe VI le exigiera a un displicente y débil Mariano Rajoy que repusiera en Cataluña el orden constitucional.

Ahora ha sido de nuevo el Rey Felipe VI quien reclama a las fuerzas políticas pactos de entendimiento, estabilidad y gobernabilidad antes que repetir las elecciones generales el 10 de noviembre. Lo que no parece nada fácil salvo que Pedro Sánchez pacte con Pablo Iglesias, con ayuda de Bildu y ERC o decida regresar a la senda del marco constitucional para buscar un acuerdo de gobernabilidad con Cs o con el PP como cabría de esperar.