Sánchez rompe en Navarra los puentes con Cs y PP

A Pedro Sánchez ni le importa ni le preocupa que la socialista María Chivite (que no ganó las elecciones en Navarra) haya sido investida presidenta de esa Comunidad Foral con los votos del PSOE, Podemos, IU y la abstención de Bildu, que era imprescindible para que triunfara la investidura.

Pero lo ocurrido en Navarra, sumado a las palabras de Otegi en las que anuncia 250 homenajes a los presos de ETA que vayan saliendo de la cárcel a medida que cumplan sus condenas, ofrecen una mala imagen de Sánchez.

El que ha cedido en Navarra (tras autorizar la entrevista de Otegi en TVE y a saber qué está ocurriendo con Josu Ternera, que todavía no fue extraditado de Francia a España) porque probablemente va a necesitar la abstención de Bildu en un nuevo intento de investidura si logra pactar con Pablo Iglesias, el que insiste en el Gobierno de coalición, y no ‘a la portuguesa’ como ahora lo pretende Sánchez.

Porque lo que está claro es que ni PP ni Cs se van a prestar a investir a Sánchez, y ni siquiera a abstenerse. Máxime después de lo ocurrido ayer en Navarra y de las advertencias que le hicieron Pablo Casado y Albert Rivera.

De manera que Sánchez ya ha roto los puentes con PP y Cs en Navarra y queda a merced de los votos de Iglesias y de las posibles abstenciones de Bildu y ERC. Y estos últimos siempre que cuenten con la garantía de que Sánchez concederá indultos a todos los golpistas catalanes que resulten condenados en la sentencia del juicio del ‘procés’.

Naturalmente a Pedro Sánchez le queda la opción de la repetición electoral en la que según las encuestas saldrá fortalecido en detrimento de Podemos y Cs, pero esas elecciones -en las que la sentencia del golpe catalán será una cuestión crucial de la campaña electoral- tampoco le van a garantizar a Sánchez su investidura en pleno recrudecimiento del desafío catalán.

El líder socialista permanece pues bloqueado y no sabe por dónde salir porque sus relaciones y acuerdos con Iglesias, Junqueras, Torra y Otegi lo sitúan muy lejos del centro político y constitucional y lo dejan anclado en su particular soledad y en las manos de un Iglesias que tiene muy claro seguir con su proyecto de gobierno de coalición.

O de lo contrario camino de cumplir la profecía de Iglesias de días atrás cuando en el debate de investidura le anunció a Sánchez que nunca sería investido presidente del Gobierno. Porque si Sánchez fracasa por tercera vez el PSOE tendrá que presentar otro candidato o instalarse en el bloqueo permanente institucional y al borde del marco constitucional.