Sánchez se vuelve a topar con Iglesias

Pedro Sánchez ha vuelto a fracasar en su segundo intento de conseguir en el Congreso de los Diputados la investidura de Presidente del Gobierno. El ‘matador’ de Sánchez en esta ocasión, como en la anterior de 2016, volvió a ser Pablo Iglesias.

Aunque esta vez el líder de Podemos ha contado con la ayuda decisiva de la enorme soberbia del propio Pedro Sánchez que rompió la negociación con Podemos al negarles el Ministerio de Trabajo. E incluso ‘las políticas activas de empleo’, cuando Iglesias ‘in extremis’ renunció a dicha cartera de Trabajo minutos ante de la votación.

Lo que rebela la enorme desconfianza que Sánchez tiene de la que puede ser la actuación de Podemos en el Consejo de Ministros, porque, como cuenta el dicho argentino, ‘si así está el caminito como estará el pueblito’.

Es decir, si Podemos le plantó cara a Sánchez con durante la negociación de las carteras ministeriales que no hará Iglesias con su ‘mando a distancia’ cuando su compañera y presunta vicepresidenta Irene Montero esté sentada en el Consejo de Ministros.

Ahora bien, si intransigente estuvo Sánchez también se puede afirmar que Pablo Iglesias no le fue a la zaga hasta el punto que puede haber perdido la una única oportunidad ‘de oro’ de situar a Podemos -un partido populista, marxista y cercano a los separatistas catalanes- en el Gobierno de España, y por primera vez desde el inicio de la Transición.

Y ahora veremos qué rumbo toma Sánchez cuando el rey Felipe VI abra la nueva ronda de consultas con los líderes políticos. En la que imaginamos que esta vez el monarca exigirá a Pedro Sánchez garantías de que tiene apoyos suficientes para superar la investidura. De lo contrario el Rey no debería ofrecer a Sánchez una segunda oportunidad de ser candidato a la presidencia del Gobierno.

Y no es cierto, en contra de lo que dice Sánchez, que no existan alternativas a su candidatura porque sí que las hay. Para empezar en el seno del PSOE con Borrell, Vara y Page, lo que facilitaría una coalición de los socialistas con Cs o con el PP en un pacto de gobierno estable y constitucional, ajeno a las temerarias componendas de Sánchez -Frankenstein II- con los populistas de Podemos y los separatistas de ERC y Bildu.

Pero la infinita soberbia de Sánchez y su obsesiva ambición de poder no permite imaginar que el líder del PSOE de -como sí hizo Iglesias- un paso atrás le ofrezca la investidura a otro dirigente del PSOE. Ni siquiera ‘por el bien de España’ que Sánchez invocó para pedir el apoyo de todos, como si España fuera él, y sin antes renunciar a sus pactos con el independentismo vasco y catalán. Ni rectificar su discurso falso de que el ‘problema catalán es de convivencia’ para reconocer que el problema catalán es de ‘legalidad’. O su disposición a conceder indultos a los golpistas catalanes a cambio de la abstención de ERC.

A pesar de todo ello cabe imaginar que en los próximos días o semanas se reanuden las negociaciones del PSOE con Podemos con vistas a una nueva investidura. Especialmente ahora que Iglesias está dispuesto a renunciar al polémico Ministerio de Trabajo. El que en todo caso siempre dependerá de la ‘decisión colegiada’ del Gobierno, como nos lo recordó en la tribuna de prensa del Congreso el decano y gran maestro de la crónica parlamentaria Víctor Márquez Reviriego.

De lo contrario no quedará más opción que la repetición electoral. Camino este último que el equipo de Iván Redondo estudiará a fondo en La Moncloa en los próximos días para ver a quién culpan del fracaso de la investidura de Sánchez la gran mayoría de los votantes de Podemos y del PSOE.

De ahí la batalla librada en las últimas horas entre Sánchez e Iglesias por el control del llamado ‘relato’ de la fallida negociación. Sobre la que Sánchez dice que Podemos les pidió la Luna, e Iglesias afirma que el PSOE solo les ofreció ministerios decorativos y de cartón.

Pero, mientras permanecemos a la espera del próximo episodio, lo cierto es que el soberbio Pedro Sánchez acaba de cosechar un nuevo fracaso en su pretensión de investidura. Lo que deja el país sin Gobierno cuando las cifras del paro aumentan y el crecimiento económico empieza a retroceder.

Y cuando en el horizonte del próximo otoño catalán se atisba con inquietud el impacto sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe de Estado del 27-O. Lo que reabrirá las heridas pasadas y las tensiones y debería ser motivo suficiente para lograr en España una coalición de Gobierno estable -con o sin Pedro Sánchez a la cabeza- entre los partidos constitucionales de PP, Cs y PSOE como sería lógico y de esperar.