Sánchez frente a Iglesias en OK Corral

Pedro Sánchez camina con aires de pistolero hacia OK Corral donde le espera Pablo Iglesias, el malo de la película, atrincherado con los suyos y convencido de que logrará, por las buenas o por las malas, sentarse en el Consejo de Ministros y a pesar de que hasta el momento la respuesta de Sánchez ha sido ‘no’.

En este duelo de liderazgos en la izquierda Iglesias parte con ventaja porque no tiene nada más que perder, que se añada a lo que ya perdió tras los que fueron sus malos resultados en las elecciones del 28 de abril. Además tiene la razón porque si aporta a la investidura de Sánchez 42 escaños está claro que le corresponde el 25 % de los puestos del Consejo de Ministros. 

Para colmo Sánchez ha cometido el error de vetar personalmente a Iglesias diciendo que admite ministros ‘técnicos’ de Podemos pero no a Iglesias y a la cúpula de su partido. Lo que constituye un reconocimiento expreso de miedo a Iglesias y una agresión personal contra líder de Podemos (al que Sánchez le debe su llegada al poder con la moción de censura) y que está jugando está partida de ajedrez con infinita paciencia.

Mientras que en el equipo monclovita ya han cambiado cuatro veces de estrategia: primero era Gobierno monocolor del PSOE con un programa pactado con Podemos y nada más; luego les ofrecieron algunos cargos de segundo nivel de la Administración; después les pidieron que propusieran para ministros a unos ‘independientes de prestigio’; y finalmente les ofrecen ‘Ministros técnicos’ de Podemos pero sin Iglesias y sus primeros dirigentes. 

Y así y mientras continúan las rebajas veraniegas de Sánchez, Iglesias ha recurrido a las bases de Podemos para reforzar su posición inamovible: o entra él en el Gobierno o no habrá investidura con los votos de Podemos. 

Y como suele decir Iglesias, ‘tic, tac, tic, tac’ el reloj imparable de la cita de la investidura en el Congreso de los Diputados avanza sin cesar y quedan 9 días para la segunda y definitiva votación donde Sánchez, como le ocurrió el 4 de marzo de 2016, puede volver a fracasar en la investidura con los votos en contra de Podemos, además de los de Cs y el PP. 

Dos partidos estos últimos con los que Sánchez intentó pactar al tiempo que negociaba con Iglesias, lo que significaba un partida con dos barajas y una casa con dos puertas que es difícil de guardar. Pero Rivera y Casado tienen sobrados motivos políticos (censura, Cataluña, Navarra, Podrmos) para no pactar con Sanchez, y personales para no fiarse de él. 

Como tampoco se fía Iglesias quien, como Santo Tomas, quiere poner sus dedos en la llaga, o dicho de otra manera entrar en el Consejo de Ministros para controlar a Sánchez y hacerle cumplir su programa ‘de izquierdas y plurinacional’, si por fin llegaran a un acuerdo de investidura entre los dos. 

De lo contrario deberán esperar a septiembre. Y en ese caso Sánchez abrirá de nuevo las dos puertas de la negociación a la izquierda y la derecha para implorar a Cs y PP su investidura con el argumento de que el otoño que se acerca en Cataluña será de máxima tensión por la sentencia del juicio del golpe catalán, diciendo que en esas circunstancias España no puede estar sin un gobierno presidido ‘por él’. 

Que sin duda se considera imprescindible, aunque no es de fiar vistos sus pactos con el separatismo catalán, por lo que sería mucho más fácil que PP y Cs pactasen las investidura con otro dirigente del PSOE como Page, Vara o Borrell. Aunque semejantes variables están hoy muy lejanas mientras que a corto plazo está el duelo personal entre Sánchez e Iglesias en OK Corral.