Rebajas Sánchez, bonito espectáculo

El espectáculo que está ofreciendo Pedro Sánchez con en negociación con Pablo Iglesias a través de los medios de comunicación y en pos de su investidura del próximo 23 de julio constituye un episodio lamentable y donde el presidente en funciones tiene las de perder porque Iglesias tiene la sartén, de el festín de reparto de poder, por el mango y no piensa ceder.

Y además Iglesias ha convocado una consulta a las bases de Podemos para que le den la razón exigiendo el Gobierno de coalición y lo que le quitará cualquier responsabilidad personal en caso de fracaso de la negociación y de la puesta en marcha de nuevas elecciones.

Las rebajas veraniegas de Sánchez para su investidura se asemejan a un número de circo. Empezó ofreciendo a Podemos cargos de un segundo nivel en la Administración pero sin entrar en el Gobierno. Mas tarde les propuso que presentaran a ‘independientes de prestigio’ para el Gobierno pero no dirigentes de Podemos. Ayer reculando por tercera vez, ofreció a Podemos ‘ministros técnicos’ dentro del Gobierno pero no de dirigentes políticos, ex decir no a Pablo Iglesias y a su equipo directivo.

Y naturalmente y harto de razón Iglesias rechazó todas las propuestas y exigió su presencia y de los dirigentes de Podemos que él decida en el Consejo de Ministros, a cambio de los 42 votos de sus diputados en la investidura de Sánchez.

Pero ocurre que Sánchez el jueves afirmó que son ‘cuestiones de Estado’ las discrepancias que mantiene con Podemos y mencionó la crisis catalana y la política Exterior. Posiciones sobre las que Podemos le ha prometido ‘lealtad’ al Gobierno. Pero no se entiende ni puede explicar Sánchez esa diferencia en las cuestiones de Estado con Podemos y admitir ministros de este partido en el Gobierno aunque sean ‘técnicos’.

Las rebajas de Sánchez no parecen tener fin y ya han agotado todas las posibilidades por lo que solo quedan dos alternativas: o Iglesias entra en el Gobierno con los ministros de Podemos que el decida; o Sánchez deberá ir a la repetición electoral el 10 de noviembre. Lo que supone que no habrá gobierno hasta enero de 2020, si para entonces consigue los apoyos a su investidura. Y por supuesto tampoco habrá durante el próximo otoño unos Presupuestos Generales para 2019.

Y todo ello acompañado del impacto de la sentencia del golpe catalán antes de dichas elecciones y del riesgo de un resultado imprescindible durante la repetición de unos comicios en los que no se esperan cambios que permitan a Sánchez un escenario favorable para su investidura. Con lo que España se quedaría casi año sin Gobierno, desde que el pasado 4 de marzo Sánchez disolvió las Cortes y convocó las elecciones generales del 28 de abril, y sin horizonte de estabilidad.

La conclusión de esta situación es la misma desde que Sánchez inició las negociaciones para su investidura: nadie quiere pactar con Sánchez. Casado y Rivera por sus pactos con Iglesias, Junqueras, Puigdemont y Otegui en la moción de censura y sus concesiones a los separatistas catalanes y vascos (el relator de Torra, la Abogacía del Estado en el juicio del golpe catalán, la entrevista a Otegi en TVE y mejoras para los presos golpistas y etarras). Y por la sospecha fundada de que dará indultos a los condenados golpistas en el juicio del Tribunal Supremo.

E Iglesias no lo apoya por el veto a Podemos y su persona cuando Sánchez sabe que llegó al poder con la moción de censura a Rajoy con los votos de Podemos y la mediación de Iglesias con los partidos separatistas catalanes.

Por extraña que parezca existe una alternativa inmediata a esta crisis de desgobierno e inestabilidad política: que Sánchez cambie su puesto con Borrell. Y que se incorpore a las instituciones de la UE como el Alto Representante de la Política Exterior, función que a Sánchez le gusta. Y que Borrell se presente a la investidura lo que, conocido su compromiso con la Constitución y su lucha contra los soberanistas catalanes haría posible una coalición PSOE-Cs.

Lo que Sánchez por sus recientes antecedentes políticos y pésimas maneras contra Iglesias, Rivera y Casado nunca logrará, por mas que invoque el interés general de España. El que él despreció para llegar a La Moncloa con el ‘pacto Frankenstein’ de la moción de censura, lo que no se puede olvidar.