La crisis catalana es el problema y la solución de Sánchez

Pedro Sánchez le ha dicho ayer a Pablo Iglesias que no puede pactar un Gobierno de coalición con Podemos porque las diferencias entre los dos partidos en cuestiones de Estado son insalvables y pondría en peligro la estabilidad del Ejecutivo.

Por ejemplo en el caso de tener que aplicar otra vez en Cataluña, tras la sentencia del juicio del golpe catalán, el artículo 155 de la Constitución. O si desde Podemos se insiste en afirmar, como lo hace Iglesias, que en España hay presos y exiliados políticos, como lo recordó Sánchez. Además existen importantes discrepancias entre PSOE y Podemos en política exterior sobre Europa, Cuba y Venezuela.

La cuestión catalana y la sentencia del Tribunal Supremo son las dos piezas fundamentales del otoño político y con estos argumentos Sánchez espera convencer a PP y Cs antes de septiembre que se abstengan y permitan un gobierno del PSOE en minoría.

Con el que además, los tres partidos constitucionales deberían de abordar unos nuevos a Presupuestos Generales del Estado para 2019 y coordinarse para actuar de manera conjunta en Cataluña en caso de que la sentencia del Supremo provoque un nuevo terremoto e intento de rebelión catalana.

Lo que no quiere Sánchez es una repetición electoral porque, al margen de que no cambiaría en nada sustancial el actual reparto de escaños entre los partidos políticos nacionales, unas elecciones del 10 de noviembre y con un nuevo proceso de investidura no permitiría la formación de Gobierno hasta finales de año y primeros de 2020.

Con lo que España estaría casi un año sin gobierno, otro sin Presupuestos y con la crisis catalana abierta en canal. Y es con estos argumentos con los que Pedro Sánchez espera convencer a Pablo Casado y Albert Rivera para que le dejen gobernar.

Al tiempo que Sánchez les propondrá, a ambos partidos, la reforma urgente del artículo 99 de la Constitución para lograr un modelo de investidura del automática del Presidente del Gobierno en el beneficio del candidato del partido que resulte más votado en unas elecciones generales. Un proyecto demasiado simple que debería de ir acompañado de una profunda reforma de la ley electoral.

Pero antes de llegar a esa situación están los problemas de la investidura que sigue bloqueada y del tenso horizonte catalán. Y la certeza, momentánea, de que Sánchez no quiere a Iglesias en el nuevo Gobierno. Como muy cierto es que el apoyo de Iglesias a los independentistas y a la autodeterminación de Cataluña, sitúa a Podemos en una insalvable marginalidad institucional.