Nadie quiere pactar con Sánchez

Al final de este largo trayecto de negociaciones fallidas para los pactos de gobernabilidad en España solo queda la repetición electoral. Y una certeza: nadie quiere pactar con Sánchez. Así ha quedó probado en las negativas a Sánchez (quien no ofrece nada y exige todo) de Iglesias, Rivera y Casado. Y por algo será.

Rivera y Casado porque no se fían de él y de su proyecto plurinacional y alejado del constitucionalismo. Y porque consideran que Sánchez no tiene un proyecto político para España sino sólo para Sánchez. Lo que no deja de ser cierto como se vio en sus pactos con Iglesias, Junqueras, Puigdemont, Urkullu y Otegi durante la moción de censura en contra de Rajoy con la que Sánchez llegó al poder.

E Iglesias no quiere pactar con Sánchez porque considera que no tiene un claro proyecto para la izquierda y se opone al gobierno de coalición. Y a la vez porque Iglesias sabe que Sánchez ha traicionado a Podemos después de que fue Iglesias quien logró su llegada al poder en la moción de censura que apoyó y pilotó el propio Iglesias.

De lo que se deduce que el problema de la gobernabilidad de España se llama Pedro Sánchez porque nadie quiere pactar con él. Pero él no está dispuesto a ceder el puesto a otro dirigente del PSOE y pretende hacerse el imprescindible mediante una repetición electoral en la que espera mejorar sus resultados, pero en la que puede que tampoco tenga garantizada la investidura

Pedro Sánchez, por quinta vez, les negó a Pablo Iglesias y a Podemos la entrada en el Gobierno de España. Lo que conduce a la repetición de las elecciones generales el próximo día 10 de noviembre, porque Iglesias, harto de razón, no está dispuesto a regalar a Sánchez su 42 diputados.

Máxime después de que él y Podemos fueron decisivos en la llegada de Sánchez a la presidencia del Gobierno de España aportando entonces 71 escaños a la moción de censura contra Rajoy y gestionado Iglesias los apoyos de los soberanistas catalanes y vascos en favor de Sánchez.

El discurso de Sánchez sobre la necesidad de un Gobierno estable para España carece de sentido si no tiene los votos necesarios para ganar su investidura. Y esos votos en cualquier país democrático tienen un justo precio político como el que exige Pablo Iglesias al solicitar su presencia en el Ejecutivo.

Por lo tanto lo más lógico es que Sánchez se presente el próximo día 23 en el Congreso de los Diputados a la investidura y que la pierda camino de la repetición electoral.

Lo que sería la segunda vez que Sánchez fracasa en la investidura, como le pasó en marzo de 2016 también con los votos en contra de Podemos. Y si Sánchez fracasa el 23 de julio por segunda vez entonces el Rey Felipe VI deberá reflexionar sobre lo ocurrido. Y no volver a encargar un proceso de investidura a quien no tenga segura previamente la mayoría para gobernar. Entre otras cosas porque el tiempo es oro y no se debe desperdiciar.