Rivera en el limbo y en deuda con Abascal

Como cuenta un sabio (que votó a Cs y que dice estar arrepentido) Albert Rivera nunca jamás tendrá la oportunidad que tiene ahora de alcanzar un Gobierno de Coalición con el PSOE de Pedro Sánchez.

Obteniendo, en ese caso, Rivera la Vicepresidencia del Gobierno de España y Cs varios ministerios. Y ofreciendo estabilidad (con los 180 diputados de PSOE y CS) en una legislatura con un Gobierno de centro-izquierda donde Rivera sería el guardián constitucional de la crisis catalana.

Pero Rivera se ha instalado en la vacante que dejó Sánchez con su ‘no es no’ en 2016 y en aras de una sublime perfección y equidistancia se ha refugiado en el limbo de la política confiando que ello, un día no lejano, le permita liderar el centro derecha español y, desde ahí, lograr la presidencia del Gobierno de España.

Al contrario a Pedro Sánchez no le importa ‘mancharse las manos’ para acceder al poder y su instinto ‘político/criminal’ y sus resultados le han dado la razón. E importantes beneficios políticos. Prueba de esta audacia está en su regreso en 2017 a la secretaría general del PSOE y en la moción de censura contra Mariano Rajoy que le permitió llegar a la jefatura del Gobierno, con ayuda de Iglesias, Puigdemont, Junqueras y Otegui.

Desde esa presidencia Sánchez ha ganado notoriedad e influencia tanto en España como en Europa y la escena internacional. Y sobre todo le permitió –con su decisiva influencia en el poder económico y los grandes medios de comunicación- el ganar las elecciones generales del 28-A y las municipales, autonómicas y europeas del 26-M.

Mientras que Albert Rivera, ‘el impoluto’, ha mejorado sus resultados en los comicios de Andalucía y las elecciones generales del 28-A, pero no ha conseguido en ninguna destacada posición de poder. Y las que alcanzó, en segundos niveles, las ha conseguido con intercambios de apoyos con el PP y con los votos favorables de Vox.

Y por mucho que Rivera diga que no se mancha las manos como Sánchez, y que no negocia programas ni pactos gobierno con Vox lo cierto es que, gracias a Vox, Cs ha logrado posiciones de poder en las Comunidades de Murcia, Madrid, Andalucía y en el Ayuntamiento de Madrid.

No en vano con los votos de Vox el partido de Rivera consiguió:

-La Presidencia del Parlamento de Andalucía.

-La Vicepresidencia de la Junta de Andalucía.

-Cinco Consejerías de la Junta de Andalucía.

-La Presidencia de la Asamblea de Madrid.

-La Presidencia de la Asamblea de Murcia.

-La Vicealcaldía de Madrid.

-Dos Concejalías de Áreas de Gobierno de Madrid.

Todos estos cargos que logró Cs en sus acuerdos con el PP fueron posibles, aprobados y votados por Vox. De manera que Rivera le debe mucho poder político a Abascal y a sus diputados y concejales. Y todo ello a cambio de nada y mientras se niegan a negociar con Vox cualquier tipo de acuerdo programático. Solo han accedido, según Cs, a sentarse con Vox unas horas para ‘tomar café’. Y también en la alcaldía de Badajoz donde Vox tiene un concejal en un Gobierno y Cs y PP.

Está claro que Cs debe mucho a Vox, y por ello parece normal que Vox se indigne con la actitud de Cs y que le exija en Murcia y Madrid negociar los programas de Gobierno.

Otra cosa sería que Vox apoyara un Gobierno en solitario del PP en las dos Comunidades de Murcia y Madrid sin la presencia de Cs en el Gobierno de ambas Comunidades por la justa exigencia de Vox que ya ‘regaló’ a Cs un total de 12 altos cargos instituciones en Andalucía, Madrid y Murcia. Pero estaría por ver si el partido de Rivera acepta esa pérdida de poder o si por el contrario insiste su presencia en los gobiernos autonómicos con la ayuda de Vox y a cambio de nada.

En todo caso Albert Rivera se equivoca no acudiendo a Moncloa a escuchar a Pedro Sánchez quien, le guste o no, es presidente del Gobierno –aunque esté en funciones- y aunque solo sea para reiterarle su negativa a pactar un Gobierno de Coalición con el PSOE. Una actitud la de Rivera equivocada, que quita a Cs su pretensión de presentarse como líder de la Oposición que como poco debe ser leal con las instituciones.

¿Por qué se encastilla Rivera en su particular ‘no es no’? Creemos que por estrategia electoral ante una eventual repetición de las elecciones. Y porque Rivera cree que la mayoría de sus votantes está en contra de un pacto de Gobierno de Rivera con Sánchez y que si lo intentara y el resultado fuera un fracaso el PP lo acusaría de haberse escorado a la izquierda y de haber abandonado el centro derecha liberal.

De igual manera Rivera considera que un pacto ‘directo’ –indirecto si existe’- con Vox presentaría a Cs como aliado de la derecha del PP y Vox, lo que tendría un alto coste frente a sus socios liberales europeos con Macron a la cabeza.

Por ello y porque Albert Rivera no le perdona a Pedro Sánchez sus pactos con los soberanistas catalanes en la moción de censura contra Rajoy, ni las concesiones de Sánchez a Torra y los golpistas. O al PNV en Navarra. O su negativa a rechazar los indultos a los golpistas que resulten condenados en el Tribunal Supremo. Por todo ello Rivera y Cs están quietos y en el limbo político nacional.

Lo que le ha acarreado a Rivera una escalada de protestas y dimisiones en su partido y lo que incluye la pregunta nada banal de ¿para que sirve votar a Cs? En principio no sirve para formar gobierno nacional con el PSOE ni tampoco para formar gobiernos con PP y Vox en Murcia y en Madrid.