Los ‘ensimismados’ del feroz ataque contra Cs

No es casualidad ni mera coincidencia, sino premeditación y alevosía, el que en dos artículos aparecidos en El Mundo (Arcadi Espada) y El País (editorial) los autores descalifican a Albert Rivera como: ‘el ensimismado’.

Y todo ello porque la dirección de Cs y sus votantes del pasado 28-A han decidido que este partido no debe apoyar la investidura de Pedro Sánchez. El que es ‘el gran ensimismado’ de la política nacional y un peligro para la unidad y la estabilidad de España, como ya lo tiene demostrado.

Naturalmente, los predicadores de El Mundo y El País, diarios que beben de la misma fuente financiera del Ibex, no le tocan un pelo a Sánchez porque le temen, y consideran que Cs se debe inmolar al servicio de Sánchez para que el ensimismado de La Moncloa no se arroje, como en la moción de censura, en los brazos del populismo de Pablo Iglesias -otro ‘ensimismado’- y de los independentistas y soberanistas de ERC, PDeCAT, PNV y Bildu, lo que ya ha comenzado en Navarra.

Pero ¿quién obliga a Sánchez a pactar con Podemos y los soberanistas? Y ¿por qué nadie, ni Casado, Rivera e Iglesias quieren investir presidente a Sánchez? Pues porque Sánchez, que ve herido a Iglesias, quiere acabar con la persona que lo llevó al poder en la moción de censura, y humillar a sus pies a Casado y a Rivera, a los que Ábalos (el mayordomo) ha calificado, respectivamente, como políticos ‘anti sistema’ y ‘enemigos de España’.

El gran ‘ensimismado’ Sánchez tiene otras alternativas: la repetición de las elecciones generales con las que ya amenaza; y, ¡Por España!, dar un paso atrás y promover a la investidura a otro candidato del PSOE como García Page, Fernández Vara o Borrell, que con seguridad lograrían acuerdos con PP y Cs para una coalición de Gobierno y la estabilidad del país.

Pero el repentino amor de Sánchez por España no llega a tanto y él no se piensa ir, ahora que ha probado el veneno del poder, por nada del mundo. Peor aún, Sánchez se considera providencial para salvar Europa (donde le lleva el maletín a Macron) y Cataluña, donde dice que el problema es de falta de ‘diálogo y convivencia’ y por eso ya tendrá redactados los indultos a los golpistas que resulten condenados en el Juicio del Supremo.

‘Diálogo’ como el que Sánchez mantuvo en Pedralbes con ese ‘demócrata’ que es Quim Torra, a quien le regaló un ‘relator’ para futuras negociaciones. Y ‘convivencia’ como la que los separatistas promueven todos los días desde las instituciones del Estado en Cataluña. He aquí un ejemplo reciente: hace pocos días una niña de 10 años fue agredida por la profesora de un colegio de Tarrasa por haber pintado, en el álbum de fin de curso, la bandera de España con el lema: ‘¡Viva España!’.

Pero este infame atropello que no ha sido investigado por la Fiscalía ni por el Ministerio de Educación de la inefable Celáa, a Sánchez no le preocupa. Y desde luego no se le ha ocurrido coger el Falcon para viajar a Tarrasa a ver a la pequeña y amparar a su familia. Porque eso en Cataluña sería visto como un ‘ataque a la convivencia’ por el nacionalismo ‘dialogante’. El problema en Cataluña es único: la ausencia de legalidad.

Los enemigos de Rivera en Cs han perdido la batalla y se han quedado fuera para siempre. Y si lo que pretendían era que el partido apoyara a Sánchez se han equivocado, porque ahora y con más motivo Cs nunca lo apoyará. Entre otras cosas porque el plan de Sánchez es muy sencillo y consiste en pactar con Rivera, y meses después decir que no se entienden y entonces convocar elecciones para destrozar a Ciudadanos.

Como Pedro Sánchez destrozó a Susana Díaz o a Mariano Rajoy, y como ahora lo está haciendo con Pablo Iglesias y lo pretende hacer con Albert Rivera para quedarse a solas y ‘ensimismado’, frente a Casado y Abascal.