Sánchez no convence a Iglesias ni a Rivera

Pedro Sánchez e Iván Redondo se consideran los mejores estrategas de la política española y han decidido jugar en serio la carta de ‘la repetición de las elecciones generales’ porque consideran que esa amenaza perturba a Pablo Iglesias y Albert Rivera que tienen problemas en sus partidos. Y que, ante el temor de retroceso electoral de Podemos y Cs, alguno de los dos facilitará la investidura de Sánchez.

Por eso Ábalos blandió primero la amenaza de la repetición electoral y ahora advierte que el proceso de la investidura se iniciará muy pronto para con ello subrayar que se pone en marcha el reloj de las nuevas elecciones.

En el entorno de La Moncloa se piensa que, visto lo ocurrido en Podemos y Cs desde la noche del 28-A y con el precedente de la repetición electoral de Rajoy en 2015/16, el PSOE en unas segundas elecciones generales podría pasar de sus 123 escaños actuales en el Congreso de los Diputados a cerca de 150 si logra quitar 10 escaños a Cs y otros 10 a Podemos, según algunas estimaciones.

Por ello Sanchez le ha vuelto a decir a Iglesias, en su tercera y en este caso secreta reunión en Moncloa, que no quiere ministros de Podemos dentro de su Gobierno. Mientras Ábalos sigue atacando a Albert Rivera al que acusa de pactar con Vox a pesar de sus promesas.

Lo que incluye una contradicción por parte de Ábalos, porque no le puede acusar a Rivera de romper su promesa sobre Vox y pedirle que rompa su más firme promesa electoral de no pactar con Sanchez.

La cuestión de fondo reside en que Pedro Sánchez quiere entrar en la ‘alta sociedad’ política española y europea y no lo puede hacer con Iglesias en el Gobierno y dependiendo de los partidos separatistas vascos y catalanes. Por lo que su prioridad sigue siendo un pacto o coalición de Gobierno con Ciudadanos.

Entre ambos partidos, PSOE y Cs, suman 180 escaños que garantizarían la estabilidad de la legislatura y los Presupuestos de cada año. Pero Rivera no cede a las presiones del PSOE, Macron, y del poder económico y mediático y no le perdona a Sánchez -como no le perdona a Manuel Valls- sus pactos con el separatismo catalán y vasco en la moción de censura a Rajoy de hace ahora poco más de un año.

E Iglesias está en posiciones parecidas porque no piensa apoyar a Sánchez en la investidura si él y otros dirigentes de Podemos no están en el Gobierno de España. Iglesias pretende, así, blanquear la extrema izquierda, radical y pro separatista de Podemos y alcanzar un gran triunfo personal en la crisis de su partido.

Mientras que Sánchez quiere blanquear su presidencia ante España y la UE pero está encerrado en su propia trampa de la moción de censura y de las concesiones al golpismo catalán y de momento no logra escapar.

Aunque, dada su perseverancia, Sánchez no se da por vencido y todavía le puede ofrecer a Cs la presidencia de la Comunidad de Madrid. Y también una especial declaración -o rectificación de su política catalana- donde se comprometa con la máxima exigencia de cumplimiento de la legalidad en Cataluña con exclusión de indultos a los golpistas. Además de conceder a Rivera la vicepresidencia del Gobierno de España. En suma una tentadora oferta de Sánchez la que Rivera desconfía como parece lógico y natural.