Gobierno de coalición sí, presidencialismo no

Ya es hora de que en España exista un Gobierno de coalición que ponga fin al presidencialismo que venimos ‘padeciendo’ como práctica política desde el inicio de la transición. Y sobre todo apoyado por el bipartidismo de PSOE y PP. El que ya no existe tras la fragmentación de las Fuerzas parlamentarias en las últimas elecciones como ocurrió el pasado 28 de abril.

Los últimos líderes presidencialistas fueron Mariano Rajoy con 137 escaños y Pedro Sánchez con 84 diputados. Pero eso se tiene que acabar y España tiene que entrar, en esta legislatura, en el modelo de gobiernos de coalición con dos o más partidos presentes en el Ejecutivo, como ocurre en muchos de los países de nuestro entorno europeo (Francia, Italia y Alemania entre otros).

Y en esta legislatura y salvo que Sánchez decida una repetición electoral lo lógico sería que Sánchez presida un Gobierno de coalición con Podemos o con Cs, e incluso con el PP lo que tampoco se debería de descartar.

Además esos gobiernos de coalición, a nivel nacional, autonómico y local, deben incluir un reparto proporcional del poder otorgando la presidencia al partido más votado de entre los miembros de la coalición.

Que se olvide Sánchez, pues, de su empeño en gobernar en solitario con solo 123 escaños de los 176 de la mayoría absoluta. Y así se lo deben dejar muy claro a Sánchez todos sus posibles socios de gobierno. A los que les asiste el derecho de ocupar parcelas de poder en el Ejecutivo, similares a la proporción de diputados o concejales que aportan para la gobernabilidad.

De lo que se deduce que a Iglesias le correspondería el 25 % del Gobierno de Sánchez, a Rivera el 30 % de ese Gobierno y a Casado el 35 % de una coalición con el PSOE. De igual manera a Abascal le correspondería el 18 % del Gobierno de la Comunidad de Madrid si pactan PP, Cs y Vox.

Y si tanto en el plano nacional como autonómico (en el local si no hay pacto gobierna la lista más votada) no hay acuerdos ni coaliciones en ese caso no quedará más salida que la repetición electoral.

Lo que no puede pretender Sánchez es confundir la moción de censura que lo llevó al poder hace un año, como un castigo contra Rajoy tras conocerse la sentencia del caso Gürtel, con el actual proceso de investidura. Y si el presidente en funciones insiste en gobernar solo y en minoría el resto de los partidos nacionales se lo deberían impedir. Y si prefiere repetir las elecciones generales ganando unos meses de permanencia en el poder, pues allá él.