Rivera y la retirada de Don Juan Carlos I

El pacto de investidura de Pedro Sánchez entre PSOE y Cs, bien para un gobierno en minoría y solitario de Sánchez, bien para una coalición entre socialistas y liberales, es algo que en opinión de los ‘poderes fácticos’ de este país, que haberlos haylos, supera el simple juego político en pos de lo que ellos llaman una cuestión de Estado.

De ahí que la llamada ‘Operación Rivera’, o intento de que Rivera (que hoy se reúne con la dirección de Cs para decidir su estrategia de pactos) pacte con Sánchez su investidura y la estabilidad del nuevo Gobierno, desborda para algunos actores, interesados y en la sombra, el simple marco político porque consideran que este asunto tiene un especial calado institucional.

Porque si Iglesias entra en el Gobierno de Pedro Sánchez, con apoyo de los separatistas catalanes y vascos como exige el líder de Podemos, a partir de entonces, y según ‘los fácticos’, altas instituciones y complejas situaciones políticas se verán afectadas. Empezando por La Corona y siguiendo por la Justicia -tras la sentencia del golpe de Estado catalán-, la unidad nacional y la estabilidad económica y política del país.

De ahí la extraña coincidencia de esta ‘segunda abdicación’ del rey Juan Carlos I, o de su definitiva retirada de la vida pública e institucional, con los pactos de investidura y de gobernabilidad.

Bien porque don Juan Carlos pueda ser objeto de algún nuevo escándalo periodístico -aunque no judicial por su aforamiento actual e inviolabilidad hasta su abdicación del día 19 de junio de 2014-, bien por motivos de salud, o simplemente para dar todo el protagonismo a su hijo el rey Felipe VI. El que desde que llegó a la Jefatura del Estado, hace cinco años, todavía no ha  disfrutado de una legislatura completa y estable.

Se unen, pues, en un breve espacio de tiempo esta retirada plena de don Juan Carlos I y los pactos de investidura de Sánchez (y de los gobiernos en Madrid y otras Autonomías y Alcaldías de capitales) con la decisión de Cs como la cuestión decisiva en la que no han faltado toda clase de presiones (para el pacto con Sánchez) de dentro y fuera de España.

La pregunta que enmarca esta situación es la de si ¿Sánchez es capaz de todo -meter a Iglesias en el Gobierno, dar indultos a los golpistas, aprobar una ‘consulta’ en Cataluña y levantar la bandera de la República- con tal de seguir en el poder? Y la respuesta es: ‘sí’.

Como también está dispuesto Sánchez a pactar con Rivera para seguir en el poder. Pero en ese caso regresando a la senda constitucional que abandonó durante la moción de censura contra Mariano Rajoy, tras el llamado ‘pacto Frankenstein’ con Podemos, PNV, ERC, PDeCAT y Bildu, que lo llevó a La Moncloa ahora hace un año.

De producirse el pacto Sánchez-Rivera ello dejaría a Podemos y a Iglesias sumidos en una grave crisis existencial y de liderazgo, alejando a Sánchez del soberanismo catalán y del título de ‘El Rojo’ que acuñó cuando recuperó el poder del PSOE en la primavera de 2017 tras su forzada dimisión en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016 (‘Los Idus de Octubre’, los llamó Borrell).

No fueron, ni mucho menos, como ha escrito el diario El Mundo, artífices de la abdicación del Rey Juan Carlos I en julio de 2014 los funcionarios de La Zarzuela, Spotorno, Ayuso y otros, que solo se ocuparon de la intendencia administrativa y del protocolo.

Porque en esa gran operación intervinieron personas de mucha mayor entidad e influencia como Felipe González, Mariano Rajoy y destacados responsables del poder económico y mediático. Y no fue tan fácil ni tan sencilla como ahora parece, pero sí propiciada por el escándalo y el juicio del caso Nóos, así como por las andanzas de la falsa princesa Corinna.

Y también por la llegada con fuerza de Podemos a la política española en las  elecciones europeas de mayo de 2014 donde Pablo Iglesias logró 5 escaños del Parlamento Europeo y 1.250.000 votos que, sumados al 1.560.000 votos de IU, situaba a la izquierda radical y republicana española en los 2.820.000 votos, como tercer partido de España y a solo 800.000 votos del PSOE que en esos comicios logró 3.600.000 sufragios.

Y esos datos fueron determinantes para acelerar la abdicación del rey Juan Carlos I en su hijo Felipe VI el 19 de junio de 2014. De la misma manera que hoy el triángulo de Sánchez con Iglesias y Junqueras enciende las alarmas y se presenta como riesgo real de inestabilidad política, económica y también institucional.

Y todo ello recae ahora sobre las espaldas de Rivera, como la opción más sencilla (porque ya hubo un pacto de investidura entre Sánchez y Rivera en 2016). Aunque los llamados ‘poderes fácticos’ también podrían recurrir al PP para ‘salvar al soldado Sánchez’ de sus tentaciones y ‘malas’ compañías. Las que en su entorno y al acecho están de lo que pueda ocurrir en España si Sánchez no recupera el rumbo constitucional.