Theresa May dimite entre lágrimas

En una Monarquía parlamentaria como es la del Reino Unido desde hace ya mucho tiempo ningún Primer Ministro puede gobernar y mantenerse en el poder sin apoyo del Parlamento y de su partido. Y eso es lo que durante muchos meses pretendió hacer la ‘premier’ Theresa May, con el argumento de defender el ‘interés general’ del país, buscando un Brexit no traumático y pactado con la UE.

Pero su pretendido interés general chocó con el Parlamento, con una parte de su Gobierno y otra de su partido. Y la resistencia de Theresa May a dejar el poder la sumió en una lamentable y patética situación. La que pretendía prolongar de dramática manera con una nueva votación en los Comunes, e incluso abriendo una puerta a un segundo referéndum sobre el Brexit, lo que resultó un nuevo doble fracaso que la llevó a la dimisión.

Y así Theresa May, agotada y sin apoyo de nadie, acabó por rendirse y por fin anunció entre lágrimas -y diciendo “amo a mi país”- su dimisión. La que será efectiva el próximo día 7 cuando concluya la visita oficial de Donald Trump al Reino Unido.

Es verdad que May se ha batido con coraje y lo ha intentado todo pero no quiso ver que su Partido y el Parlamento nunca aceptarían las que han sido sus propuestas sobre el Brexit. El que debió haberse producido el 29 de marzo, y fue aplazado a finales del presente año, sin que en este momento nadie sepa, en Londres o en Bruselas, dónde estamos y cuál será el camino y el procedimiento a seguir.

Para empezar habrá que ver quién lidera el Partido Conservador y será el nuevo primer ministro. Lo que se someterá a varias votaciones entre los parlamentarios conservadores, hasta que queden solo dos aspirantes. A partir de ese momento serán los militantes del Partido (unos 120.000) los que elegirán uno de los dos seleccionados por el grupo parlamentario.

Hasta entonces cabe pensar que May seguirá como primera ministra en ‘funciones’, salvo que el grupo parlamentario conservador ofrezca otra alternativa para el interinato. Y aún falta por ver si quien resulte el elegido líder del Partido Conservador y Primer Ministro decide, o no, un adelanto electoral como parecería lo lógico.

Lo que está claro es que May ha perdido un tiempo precioso para ella, los conservadores, el Parlamento británico, el Reino Unido y la UE. Y que deja tras de sí una incierta y confusa situación. La que pretende aprovechar el que fue su secretario del Foreign Office, Boris Johnson, firme partidario de una brusca salida del Reino Unido de la UE.

Frente a Johnson, aparece una lista interminable de posibles aspirantes a la sucesión de May, pero todo apunta a que el ruidoso ex alcalde de Londres tiene bastantes más posibilidades que otros.

Sobre todo la radical actitud de Johnson en favor de un Brexit inmediato y al coste que sea, es lo que necesita el Partido Conservador para frenar al dirigente eurófobo Nigel Farage. El que con su antieuropeísmo y con su petición de un Brexit inmediato y por las bravas les está restando muchos votantes a los conservadores y se puede convertir en un duro adversario en caso de producirse el adelanto electoral.

Ahora bien si el nuevo Primer Ministro británico conservador decide un Brexit duro e inmediato y el Reino Unido sufre una grave crisis por dicha ruptura sin acuerdo con la UE, y crecen las tensiones entre Londres y los Gobiernos de Escocía y de Irlanda del Nortee, entonces en el caso de ese Brexit sin control serán muchos los ingleses que digan que May tenía razón y que la mayoría del Parlamento se equivocó.