Dos dirigentes del PSC presidirán las Cortes

Tras el veto de ERC a Miquel Iceta para llegar al Senado y presidir la Cámara Alta, Pedro Sánchez ha reforzado su apuesta por la presencia del PSC en las instituciones españolas y ha propuesto a los dirigentes del socialismo catalán Meritxell Batet y a Manuel Cruz como nuevos presidentes respectivos del Congreso de los Diputados y el Senado.

Se trata de dos políticos moderados, federalistas y muy arraigados en el PSC donde Iceta solía llevar la voz cantante en los acercamientos y pactos con el soberanismo catalán.

Hasta denunciar Iceta la entrada en prisión preventiva de los golpistas procesados por el referéndum del 1-O y la declaración unilateral de la independencia de Cataluña del 27-O de 2017. Iceta se mostró favorable a la concesión de indultos a los golpistas y llegó a decir que antes de 10 años habría un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Puede que Batet y Cruz no hayan llegado a tanto, pero hace tiempo que el ‘catalanismo’ del PSC comenzó a frecuentar el soberanismo de ERC y por ello no es descartable que ambos presidentes de las Cortes un día de estos, o en fecha no lejana y desde sus respectivos promontorios, se pronuncien a favor de los indultos a los golpistas y de posiciones nada coincidentes con el Estado de Derecho y la unidad nacional. Lo que de ocurrir sería un desastre para España.

Pero la palabra España es lo último que interesa a Sánchez porque su estrategia pasa por renovar la presidencia del Gobierno, al precio que sea, a través de la moción de investidura que puede logra con apoyo de Podemos y puede que la abstención de ERC.

Salvo que la ausencia del Congreso de Diputados de los procesados en el juicio del Tribunal Supremo, rebaje la mayoría de los 176 escaños a 174 en cuyo caso Sánchez pueda ser investido con los 6 votos de PNV, 2 de CC, 1 Compromís, 1 de regionalistas cántabros, los 42 de Podemos y los 123 del PSOE (total 175).

El discurso con el que Sánchez viste y justifica todas sus decisiones en Barcelona y en Madrid es el de la necesidad de recuperar el ‘diálogo y la convivencia’ en Cataluña, cuando la realidad es muy distinta porque lo que hay que recuperar en Cataluña es la legalidad que se infringe a diario desde la propia Generalitat. Pero todo esto que está pasando no solo es la responsabilidad de Sánchez, sino también del PSOE con su caminar temerario por los linderos soberanistas.

Y a no perder de vista también la responsabilidad del Partido Popular por el cúmulo de abusos (la corrupción y policía ‘patriótica’) y errores muy graves. Empezando por la no dimisión de Mariano Rajoy durante la moción de censura del 1 de junio, y siguiendo por el brusco giro a la derecha extrema-para frenar a Vox- del PP de Pablo Casado impulsado por José María Aznar. Así como por la liquidación de los órganos del PP y de las listas electorales de sus mejores dirigentes y gobernantes, tal y como se ve en la Ejecutiva del Partido y en los candidatos de Madrid.

Al fondo quedan Podemos, con un Iglesias necesitado de poder entrar en el Gobierno con la llave que tiene para la investidura de Sánchez. Y los Ciudadanos de Rivera que siguen creciendo pero no a un ritmo tan suficiente como para liderar el centro derecha por delante del PP.

De manera que, salvo que Iglesias se encastille y bloquee la investidura de Sánchez exigiendo ministros de Podemos, lo normal será que, en la legislatura que ahora comienza, bajo la doble presidencia del PSC en el Congreso y el Senado, quede liderada por Sánchez.

Y a la esperar de tener su primera prueba de fuego en el otoño una vez que se haga pública la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe de Estado catalán. Lo que provocará un gran revuelo en Cataluña y a la vez propiciará el adelanto electoral catalán mientras se abre el debate de los indultos sobre los que ya veremos si dicen algo o callan desde las presidencias del Congreso y del Senado Batet y Cruz como los máximos representantes que serán de la soberanía nacional.