Sánchez no escarmienta con ERC

A medida que avanza el juicio del golpe de Estado catalán en el Tribunal Supremo y que el cerco de la Justicia se estrecha sobre los confabulados (ayer la Fiscalía de Cataluña acusó a los directivos de TV3 y otros dirigentes de la trama golpista de ‘organización criminal’, mientras Torra declaraba por ‘desobediencia’) el líder de ERC, Oriol Junqueras, se desespera más y más y pierde el control.

Y desde la cárcel empieza a dinamitar todos los contactos que le quedaban con el PSC y con Pedro Sánchez, anunciando el veto de ERC, más él de la CUP y JxCat, a Miquel Iceta para impedir que sea nombrado senador por el Parlament y pueda ascender a la presidencia del Senado.

Y Sánchez, enfadado con Junqueras (que es quien manda en ERC, Rufián es el botones), le acusa de no querer ‘la convivencia y el diálogo’. Y estamos otra vez con la colección de las mentiras de Sánchez porque, insistimos, en Cataluña el problema no es de ‘convivencia y diálogo’ como dice Sánchez para justificar sus concesiones a los golpistas. El problema de Cataluña es el incumplimiento constante y la violación de la legalidad, con la ‘vista gorda’ de Sánchez y la complicidad del PSC.

Todo ello con el solo objetivo de que Sánchez renueve la presidencia al precio que sea y pagando a los golpistas y los populistas con soberanía y daños a la unidad de España. Motivos todos ellos por los que Sánchez se tragará el sapo del veto de ERC a Iceta y muy pronto volverá a enviarle mensajeros a Junqueras para que le apoye en su investidura, cuando se inicien las negociaciones después del 26-M.

Sánchez no escarmienta con ERC porque los necesita para la investidura y no tardará en enviar a la cárcel a Pablo Iglesias para otra reunión política y en la que le ofrecerá, en nombre de Sánchez, indultos para los que resulten condenados en el juicio del Tribunal Supremo.

Todo lo demás son gestos electoralistas de unos y otros con el error añadido de Sánchez de haber destapado antes de tiempo la candidatura de Iceta a la presidencia del Senado, con lo que le entregó a Junqueras una oportunidad para chantajear a Sánchez por enésima vez.

Pero Sánchez sigue al pie de la letra el dicho de ‘ande yo caliente y ríase la gente’ y aguantará todo lo que le digan y echen encima Iglesias y Junqueras con tal que al final le apoyen en la investidura para continuar en La Moncloa. Y todo lo demás serán agua pasada y pelillos a la mar.