Torra imputado por desobediencia

Mientras en el PSC no cesan los sobresaltos y los llamamientos en favor del separatismo, como los que hace poco jaleó Miquel Iceta, al presidente de la Generalitat Quim Torra lo acaba de imputar el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) por desobediencia a la Junta Electoral Central (JEC), al negarse a retirar los lazos amarillos y las pancartas en favor de los golpistas que ahora están siendo juzgados en el Tribunal Supremo.

Se veía venir y Torra lo buscó para vestirse de héroe de pacotilla, porque a lo más recibirá una multa e inhabilitación política para cuando ya esté fuera de la Generalitat. Pero su procesamiento por el TSJC constitucional un aviso de la Justicia a todos aquellos que pisen aunque sea levemente las rayas de la legalidad.

De ahí que las tibias rectificaciones de Sánchez e Iceta carecen de la menor credibilidad, al menos hasta que Sánchez diga alto y claro que no concederá indultos a quienes resulten condenados en la sentencia del juicio del golpe catalán del 27-O de 2017.

En cuanto a Torra lo más que podemos decir es que mientras que se dedica a provocar tiene completamente abandonado, sin gestión ni Presupuesto, el gobierno catalán ante el asombro de todos y con la colaboración de ERC y PDeCAT. Lo que demuestra que a los separatistas su país les importa muy poco.

La situación catalana es tan desastrosa que Generalitat no tiene dinero para pagar la nómina de sus funcionarios. Y por eso acaban de auto concederse por decreto un crédito de más de 800 millones de euros que se ha endosado al Estado al que, naturalmente, Torra culpa del desastre de su gestión.

Pero vamos a ver si los ciudadanos catalanes se empiezan a despertar de la amarga pesadilla de los Puigdemont, Junqueras y Torra que los han llevado al callejón sin salida en el que están. Y la convivencia destrozada entre los amigos, vecinos y familiares; y la economía por los suelos, mientras la mayor parte de las inversiones extranjeras que llegan a España van a otras regiones y en especial a Madrid.

Ha pasado un año y medio desde el disparate del golpe de Estado catalán y en Cataluña todo sigue igual. Y la tensión y la violencia en las calles volverá cuando se conozcan las condenas que dictará el Tribunal Supremo.

Y en ese momento asistiremos a una nueva convocatoria de elecciones catalanas (las enésimas en los últimos 10 años) de las que tampoco saldrá una solución estable que permita la gobernabilidad. Aunque eso si para entones se habrá acabado la parte de pesadilla que corresponde a Torra.