La furia de Pablo Iglesias

Mientras el barco de Podemos se hunde en las encuestas electorales del 28-A, el capitán Pablo Iglesias, que estaba desaparecido del puesto de mando, en lugar de tocar con flema y resignación el violín en la cubierta del barco durante el naufragio se dedica a aporrear el bombo de su desesperación acusando a los poderes económicos y a los medios de comunicación de su propio e imparable desastre.

Y para completar su patética actuación, Iglesias se ha agarrado al inefable comisario Villarejo como si este asombroso personaje pudiera ser su última tabla de salvación. Presentándose como la víctima propiciatoria de las que han sido indecentes andanzas de la llamada ‘policía patriótica’ del tiempo de Mariano Rajoy. Y de la que culpa a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y al que fue ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz.

Una policía ‘patriótica’, o política que, según declaró Pablo Iglesias durante una entrevista en La Sexta TV con la periodista Ana Pastor, ha continuado actuando bajo el Gobierno de Pedro Sánchez. Lo que ha sido desmentido de manera rotunda por el ministro de Interior Fernando Grande Marlaska, dejando a Iglesias en pésima posición.

En dicha entrevista, Iglesias se presentó como la garantía para frenar en un próximo Gobierno de Pedro Sánchez a los poderes económicos, dando por hecho que lo nombrarán vicepresidente si Podemos suma con el PSOE y separatistas catalanes escaños suficientes para la investidura de Sánchez.

Pero la desesperada furia de Iglesias disparando contra todos y contra todo no va a sacar a Podemos del naufragio en el que está. Y, por otra parte y en ningún caso, le permitirá llegar a un Gobierno de Pedro Sánchez con este nuevo y desesperado discurso antisistema y anti todo lo que se mueve a su alrededor.

Los antiguos compañeros de Iglesias a los que el líder de Podemos liquidó y maltrato (Errejón, Bescansa, Alegre, Pascual, etc) asisten perplejos y con estupor a este melodrama político de Iglesias. Con el que el líder ‘morado’, que sigue sin tener un proyecto democrático para España, lejos de atraer a los votantes de Podemos que se van al PSOE u otra formación política (e incluso a la abstención) está ofreciendo una imagen de desesperación que aumentará su fracaso electoral.

Y lo que puede que conduzca a Podemos al quinto lugar de la tabla electoral por detrás de Vox, como ya lo anuncian algunos sondeos electorales. Y eso sería el fin de Iglesias y el regreso de la nueva izquierda radical a los tiempos del PCE y de Izquierda Unida. El lugar desde donde Alberto Garzón observa con asombro las piruetas y ruidosos fuegos de artificio con los que Iglesias pretende inútilmente reflotar a Podemos y llamar la atención.