España indefensa, nos crecen los enanos

Al presidente Pedro Sánchez y su temerario gobierno de 84 diputados le crecen los enanos interiores y exteriores. Los que ven a un Gobierno muy débil y a un presidente Sánchez que duda de la soberanía nacional y les hace concesiones a los golpistas de Cataluña para ver si se podía quedar unos meses más en el poder. Y ha sido, en estas circunstancias, cuando nuestro país ha sido objeto de agresiones exteriores de distinto signo.

La más llamativa de todas ellas fue el ataque informático al Ministerio de Defensa por una misteriosa ‘potencia extranjera’ -puede que Rusia o China- aún sin identificar, que ha llegado con un virus espía hasta el corazón mismo de la defensa nacional. Y dice la ministra Robles que ya está todo arreglado, naturalmente menos lo que se han llevado los piratas, y todo lo que ahora se ha de cambiar.

Desde Francia una treintena de senadores se han declarado amigos de los procesados del golpe catalán, y dicen que España no es una democracia y que tenemos presos y exiliados políticos. Lo que ha sido rechazado por los gobiernos de Francia y España aunque se ha dañado con ello el prestigio del país.

Y en estas estábamos cuando el presidente de Méjico, Andrés Manuel López Obrador le solicita, 500 después, al rey Felipe VI (y al Papa) que pida perdón por ‘los abusos’ cometidos por España en la Conquista de México.

Pero hay más, un grupo opositor de Corea del Norte, que después contactó con el FBI, asaltó la embajada de Corea del Norte en Madrid, y se han fugado con todo lo que han pillado en los ordenadores y estancias de la sede diplomática de Kim Jon-Un.

Todo esto conduce a la sensación de que España no se hace respetar y que, por muy folklóricas y pintorescas que sean algunas de las agresiones, esto ocurre por la debilidad del Gobierno de España. Lugar desde donde se pone en duda y entredicho, a propósito de la tumba de Franco, la reconciliación de la Transición mientras, a cambio de nada, ni siquiera de los Presupuestos de 2019, se acepta la presencia de un ‘relator’ entre el Gobierno de España y la Generalitat de Torra.

Y todo ello en vísperas de elecciones generales, municipales, europeas y autonómicas tras las que se espera una situación de bloqueo político e institucional. En un tiempo de debilidad económica española y europea con el añadido de la incertidumbre del Brexit y la sensación de que Sánchez -que hace muy poco visitó a López Obrador en México (y AMLO se percató de su debilidad) ganará los comicios generales, pero no tendrá con quién pactar.

Salvo que, si dan los números de la suma de escaños, regrese a sus pactos de la moción de censura con el soberanismo catalán y con Podemos. Un partido este último roto y desquiciado por Pablo Iglesia que se ha sumado a la denuncia de López Obrador, a los senadores felones de Francia y a los golpistas catalanes, y que está en contra de todo lo que lleve el nombre de España, ahí incluidas la Transición y la Constitución.

La otra alternativa a Sánchez sería un Gobierno a la andaluza entre PP, Cs y Vox -que mantendría la tensión con el soberanismo catalán y daría alas a un Neón nacionalismo español- pero las encuestas dicen que no sumarán los escaños suficientes para llegar a la mayoría absoluta.

Lo que nos conduce a una hipotética y difícil tercera vía o la necesidad de una ‘gran coalición’ tripartita de PSOE, PP y Cs, pero sin Pedro Sánchez. Para desde ese gobierno rehacer el prestigio del país y la unidad nacional con una amplia base parlamentaria que nos permita, en estas complejas circunstancias nacionales, europeas e internacionales, recuperar la unidad democrática y la autoridad nacional y prevenir y acotar los posibles efectos de una nueva crisis económica que destacadas instituciones (FMI, OCDE y UE) dicen que está al llegar.