Victoria de Trump y problemas de May

El informe del fiscal especial Robert Mueller sobre posibles contactos del presidente Donald Trump y su equipo de campaña presidencial con Rusia para buscar la derrota de Hillary Clinton y favorecer la victoria de Trump en las elecciones presidenciales de 2016 se ha saldado con una importante victoria política de Trump porque Mueller asegura que no hubo conspiración.

Un informe que ha caído como una bomba política en el Congreso de los Estados Unidos donde los republicanos están eufóricos y los demócratas decepcionados porque esperaban pruebas de connivencia entre Trump y Putin con las que se podía haber iniciado el procedimiento para destituir al presidente.

Un Trump que ayer estaba crecido y acusando a periodistas y demócratas de haberlo sometido a una ‘cacería’ política y personal. Lo que conduce al relanzamiento de Trump para un segundo mandato presidencial. A pesar de que falta por conocerse los detalles y la posición exacta de Mueller sobre si Trump es culpable de ‘obstrucción a la Justicia’.

Al otro lado de Atlántico la primera ministra británica Teresa May vive unos momentos muy difíciles tras publicarse que una decena de sus ministros le exigía su dimisión como condición para recuperar la unidad del partido de los Conservadores para dar una salida al Brexit en los próximos días.

Lo que significa que los conservadores podrían, a cambio de aceptar las últimas propuestas de la UE para una salida pactada y sin ruptura, que el precio de ese acuerdo sea la cabeza de May.

Lo que anoche aún estaba por ver porque la ‘premier’ es dura de pelar y hasta ahora ha resistido los embates de sus adversarios de dentro y fuera de su propio partido. Aunque sabido es por todos los actores en presencia que esta semana será definitiva para dar la salida definitiva a la crisis del Brexit.

Y todo ello mientras crece entre los británicos la indignación y el temor a una catástrofe económica en caso de Brexit sin acuerdo. Y de ahí que un millón de ingleses pidiera el pasado fin de semana un segundo referéndum sobre el Brexit. Algo nada fácil de implementar y que, para empezar, obligaría a frenar el Brexit y a que Gran Bretaña participe en las elecciones europeas del mes de mayo creando en el seno de la UE una crisis institucional.