Don Narciso Iglesias vuelve a la política

Después de tres escandalosos meses de vacaciones paternales y mientras Podemos se rompe en sus principales ‘confluencias’, Pablo Iglesias vuelve al primer plano de la política como si de un esperado Mesías se tratara para salvar a su rebaño de la hecatombe electoral que le anuncian las encuestas.

Y regresa Iglesias a la dirección de su partido desde donde su compañera del alma Irene Montero ha planificado quitarle la secretaría general cuando se confirme la derrota electoral de Podemos el 28-A y el 26-M. Un golpe de mano de esta Dalila que pretende cortarle la coleta a su Sansón particular en la próxima Asamblea de Vistalegre III, que ya propugna Monedero, otro que tal baila y pretende renacer de entre los destrozos del esperado naufragio.

Este gran narcisista y déspota que es Pablo Iglesias tiene en su haber, en apenas cinco años, varias y notorias actuaciones políticas de pretendido Maquiavelo: votar contra la investidura de Sánchez en marzo de 2016 para facilitar la permanencia de Rajoy en el poder; impulsar, convenciendo a Junqueras y Puigdemont, la moción de censura contra Rajoy y la llegada de Sánchez a La Moncloa en junio de 2018; y hundir Podemos en abril de 2019.

Y todo ello tras liquidar, como en la novela de Los Diez Negritos de Ágata Christie a los dirigentes que le acompañaron en la fundación de Podemos, Errejón, Bescansa, Alegre, Pascual, Sánchez, Maestre, etcétera, para al final quedarse a solas con Irene en su chalé de Galapagar.

Y así en su última cabalgada Iglesias se ha convertido en el compañero del payaso Torra en el inagotable circo catalán, lo que ha provocado allí nuevas fugas de dirigentes catalanes tras la senda de Domenech, y en otros lares de madrileños, gallegos, valencianos y andaluces. Lugar este último donde su adversaria Teresita Rodríguez ha fracasado en los comicios andaluces del 2 de diciembre. O sea las confluencias acabaron en los Taifas y se rompió este Califato que tanto alabó Julio Anguila desde Córdoba.

En Moncloa no preocupa la derrota de Podemos el 28-A, porque beneficia al PSOE y garantiza la victoria de Sánchez, sino que el batacazo de Iglesias se convierta en un hundimiento. Porque en ese caso Pedro Sánchez no podría gobernar porque, para pactar con nacionalistas su investidura, entre PSOE y Podemos deben sumar 157 escaños. Y eso, con Don Narciso Iglesias a la baja y Torra dejando en evidencia a Sánchez, es hoy muy difícil de imaginar. Sobre todo si Vox queda delante de Podemos, lo que no hay que descartar.