Torra rompe con la JEC y aísla a Sánchez

Como era de esperar Torra se ha pasado por el arco del triunfo la última advertencia de la Junta Electoral Central y avanza hacia el delito de la desobediencia para presentarse ante el banquillo de los golpistas en el Tribunal Supremo como un héroe de cartón.

A sabiendas Torra que el proceso judicial que se le viene encima tardará y que su imparable inhabilitación le importa un pimiento. Porque antes que sea condenado él convocará elecciones en Cataluña (cuando se conozca la sentencia del juicio del procés) y sabe que él no volverá a ser presidente de la Generalitat porque ese cargo en el soberanismo lo exigirá ERC.

Pero la decisión de Torra, que puede ir acompañada de medidas judiciales para que los Mossos retiren los lazos y las pancartas de los edificios de la Generalitat, tiene una lectura nacional que afecta a Pedro Sánchez porque prueba -como el ‘no’ soberanista a sus Presupuestos- que el diálogo que abrió con Torra fue un fracaso temerario porque los soberanistas continúan fuera de la legalidad y nunca tuvieron la menor intención de pactar.

Además la ruptura de Torra con la JEC confirma que los 6 diputados que el PDeCAT espera conseguir en los comicios del 28-A nunca darán a Sánchez apoyo en su investidura. Con lo que el PSOE necesita sumar con Podemos 156 escaños si quiere volver a gobernar con el apoyo de ERC, PNV y Bildu.

Y esa posibilidad parece cada vez más difícil una vez que Podemos está muy bajo en las encuestas y el horizonte de los 156 escaños con el PSOE no parece asequible al día de hoy. Como tampoco parece creíble que PP, Cs y Vox sumen 176 escaños por lo que el horizonte de ‘bloqueo’ se convierte en la opción más probable tras las elecciones del 28 de abril.

Además, para sumar apoyos Sánchez tendría que indultar a los condenados en el juicio del golpe catalán (lo que abrirá una revuelta en el PSOE) y darle a Pablo Iglesias la vicepresidencia del Gobierno, lo que provocaría la máxima inquietud en el mundo económico y en la UE.

Lo de Torra contra la legalidad se veía venir desde antes de su encuentro con Sánchez en Pedralbes. Pero el presidente español confió en su buena suerte y creyó, inocentemente, que los soberanistas (con los regalos que habían recibido, e incluido el ‘relator’) le aprobarían los Presupuestos de 2019. Y que en ese caso él resistiría en Moncloa hasta junio de 2020. Pero su castillo de naipes se derrumbó como cabía esperar y ahora Sánchez se queda a la intemperie y sin poder pactar.