La mayoría de los 163 escaños

Las dificultades que se anuncian para la formación del nuevo Gobierno (y la investidura del futuro Presidente) después de las elecciones generales del 28-A, parecen a simple vista insalvables.

Y ello por causa de la fractura ideológica y territorial, lo que nos retrotrae a la situación creada tras los comicios de 2015, una vez que fracasó el intento de investidura de Pedro Sánchez (que en ese tiempo apoyó Cs) que obligó a la repetición de los comicios en junio de 2016 y p en los que Pablo Iglesias creyó erróneamente que superaría al PSOE.

Ahora, por causa del desafío golpista catalán, las divergencias son mayores. Sobre todo entre los llamados partidos constitucionalistas nacionales de PP, PSOE y Cs, a los que en cierta manera se les pueden añadir los populistas de la izquierda y derecha, Podemos y Vox, completando el penta partido hoy vigente en nuestro país.

Y sobre el que resulta muy difícil pronosticar el reparto nacional de los 325 escaños que les corresponderán, al margen de los otros 25 escaños (hasta los 350 del Congreso de los Diputados) de los nacionalistas porque. Porque como se vio en Andalucía la irrupción de Vox en la batalla electoral puede ofrecer grandes sorpresas en las grandes y pequeñas circunscripciones.

Por todo ello cabe imaginar un acuerdo preelectoral entre PP, PSOE y Cs sobre la no utilización de los escaños del nacionalismo soberanista en el proceso de investidura (lo que podría aplicarse a los Presupuestos y a las mociones de censura) para que la mayoría de la gobernabilidad quedara en los 163 escaños, facilitando con eso los acuerdos para la formación del nuevo gobierno y su estabilidad presupuestaria en la legislatura.

Este modelo de pacto lo pudieron haber utilizado el PSOE y el PP tras las elecciones generales de 1993 cuando Felipe González quedó en minoría y en las de 1966 cuando José María Aznar ganó con una mayoría insuficiente.

Ambos dirigentes políticos pactaron, en sus respectivas legislaturas, con el PNV de Arzalluz (que cumplió lealmente sus compromisos) y con la CiU de Pujol que utilizó la debilidad de los partidos nacionales para activar su plan soberanista con insaciables y temerarias demandas que González y Aznar aceptaron de manera irresponsable.

Ahora y tras la fallida declaración de independencia de Cataluña del 27-O de 2017, el riesgo de los pactos de gobierno con los soberanistas es mayor tal y como lo ha comprobado Pedro Sánchez con sus peligrosos acuerdos con Quim Torra que acabaron muy mal.

De ahí la opción que proponemos de la mayoría minoritaria suficiente de los 163 escaños, para favorecer la gobernabilidad y la estabilidad. Algo que no será fácil de pactar durante la campaña electoral pero que sin embargo sería una eficaz e interesante posibilidad para reconstruir el pacto constitucional entre las fuerzas políticas de ámbito nacional.