Junqueras como Milans y la votación del pánico

Hoy se votan en el Congreso de los Diputados las enmiendas de totalidad a los Presupuestos de Pedro Sánchez que, si caen bloqueados por PP, CS, ERC y PDeCAT, obligarán al Presidente a un inminente adelanto electoral.

En principio parece que será así, pero las caras de pánico que los golpistas catalanes exhibieron ayer durante el inicio del juicio del procés en el Tribunal Supremo dieron a Sánchez un respiro. Convirtiendo en ‘votación del pánico’ la decisión, para ver si los soberanistas se rinden a sus pies y dan luz verde a los Presupuestos que permitirían a Sánchez seguir en el poder hasta 2020.

Comenzó en el Tribunal Supremo la hora de la verdad para estos jefes del golpe de Estado catalán de octubre de 2017. Y ellos saben que, por más que disimulen ellos y sus abogados, están perdidos porque violaron la legalidad, el Estatuto y la Constitución.

Como saben que la sentencia les condenará y les otorgará el título legal de delincuentes, y no de ‘héroes’ de nada como ellos pretendían, a pesar de que en sus rostros nunca vimos el menor rasgo de gallardía sino de temor.

Entre otras cosas porque hasta ahora Junqueras, los Jordis y el resto de la banda han sido incapaces de dar un paso al frente para reconocer el golpe y su frontal desafío al Estado, el Estatuto, el TC y la legalidad.

Pasó algo parecido en el juicio del golpe de Estado del 23-F, donde todos los confabulados, salvo Tejero que reconoció los hechos (porque los vieron toda España y medio mundo por televisión), escurrían el bulto. E incluidos los jefes del golpe, los generales Armada y Milans.

Sin embargo y a medida que avanzaba el proceso los soldados y guardias civiles de base y encausados y los mandos intermedios empezaron a aislar a Milans en el cuartel donde pernoctaban porque, siendo el militar de la mayor graduación, todos lo señalaban como un cobarde que mentía y callaba para salvarse a pesar de que fue Milans quien dio las órdenes que arrastraron al golpe de Estado y al banquillo de los acusados a todos los demás.

Y solo cuando se vio aislado, Milans dio un paso al frente, confesó ser el máximo responsable del golpe y exculpó a todos los demás diciendo que obedecieron sus órdenes. Y el juicio del 23-F -del que aún quedan puntos oscuros por resolver- acortó sus deliberaciones y avanzó hacia la sentencia condenatoria y final.

En el golpe catalán el rol de Milans le corresponde a Junqueras que tiene en su mano la posibilidad -incluso desmintiendo a sus abogados que hablan de un ‘juicio político’- de convertirse en el líder indiscutible del soberanismo de Cataluña, si se atreve a dar el paso al frente y dice ‘sí, fui yo quien organizó y dirigió la rebelión contra el Estado desde la Generalitat’.

Y si lo hace, Junqueras (que ayer se negó a saludar a Torra cuando llegó al Supremo) enterrará políticamente para siempre al cobarde y prófugo Carles Puigdemont, con el que no se habla y al que desprecia por salir huyendo.

Pero la primera intervención del abogado de Junqueras hablando de ‘juicio político’ -inútilmente porque no impresionará al Tribunal- y la cara de pánico de todos los procesados en el banquillo anuncia que, al menos de momento, no habrá héroes en Cataluña ni en el Tribunal Supremo, sino que más bien impera una nueva versión de ‘el silencio de los corderos’, golpistas.

Y es en esa mirada de pánico de los golpistas aborregados en la que Pedro Sánchez tiene puesta sus últimas esperanzas para que ERC y PDeCAT, hoy retiren sus enmiendas a la totalidad y dejen avanzar en los Presupuestos de 2019, dando al Presidente un año más en Moncloa.

Y, naturalmente, a cambio de la promesa ahora oculta de los indultos a los corderos que serán condenados por lo que todo el mundo, incluso ellos, sabe que hicieron en el otoño de 2017 en contra de la legalidad.