Presupuestos electorales y el modelo de Suecia

Los Presupuestos que para 2019 presentó en el Congreso de los Diputados el Gobierno de Pedro Sánchez tienen un marcado sesgo progresista por el notable aumento del gasto social, incluyen un descarado trato de favor a Cataluña y tienen un claro objetivo político y electoral de Sánchez. El que espera lograr el apoyo de los partidos soberanistas catalanes para no tener que adelantar las elecciones y en caso contrario para que el PSOE acumule los votos de la izquierda si adelanta los comicios.

Como Sánchez es inasequible al desaliento ha adornado nueva su oferta presupuestaria con una petición quimérica de apoyo a PP y Cs, citando el pacto de gobierno que en Suecia han logrado los socialdemócratas con los liberales, centristas y verdes, para que se sumen a sus Cuentas públicas.

Las que por otra parte se presentan incumplibles en lo que al objetivo del déficit se refiere por la pretendida y muy alta recaudación de impuestos que pretenden. Lo que redundará en el aumento del déficit y la deuda pública y situará a España lejos de los objetivos de convergencia fiscal que nos ha señalado la Comisión Europea de La UE para 2019.

En lo que al modelo de Gobierno de coalición de Suecia se refiere y urdido para aislar al nuevo partido de la extrema derecha sueca, ‘Democracia Sueca’, tenemos que decir que no es nada original. Y que en España se hizo algo parecido, y con la oposición de Sánchez, en la investidura de Rajoy de 2016 con los votos del PP y Cs y las abstención del PSOE.

La diferencia entre el modelo español de 2016 y el actual de Suecia estriba en que el apoyo a la investidura de Rajoy, frente al ‘no es no’ de Sánchez, se hizo para que los partidos constitucionales frenaran el desafío catalán ante la inminencia del golpe de Estado de 2017, tras el que PP, PSOE y Cs dieron su apoyo a la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña.

Mientras que Sánchez colabora con los partidos secesionistas que apoyaron el golpe de Estado de 2017 y la moción de censura contra Rajoy y deja a PP y Cs como segundo plato y paseando cual espantajo la incipiente irrupción de Vox en la vida política española.

Además, Sánchez sabe que cuando concluyan las elecciones generales él no tendrá más oportunidad para seguir en el Gobierno que volver a pactar con los soberanistas catalanes (previa concesión de indultos a los golpistas que resulten condenados en el juicio del ‘procés’), porque ni Pablo Casado ni Albert Rivera pactarán con Sánchez después de las muchas concesiones que hizo (como los fondos financieros que ahora ofrece en los Presupuestos a Cataluña) al golpismo catalán.

Y otra cosa muy distinta sería para PP y Cs un acuerdo con un PSOE que estuviera liderado por Josep Borrell, de ahí el empeño de Sánchez de enviar a Borrell a las elecciones europeas lo que seguramente no logrará.

Como cabe imaginar que sus temerarias relaciones con los soberanistas catalanes acabarán bastante mal. Porque Puigdemont, Junqueras y Torra no tienen marcha atrás y se han metido en un callejón sin salida desde donde nunca aceptarán regresar a la senda constitucional.