Fractura múltiple en la columna vertebral de España

En el Telediario de TVE 1de las 3 de la tarde de este sábado 12 de enero la presentadora del informativo al referirse al nuevo partido que lidera Santiago Abascal decía: ‘Vox, el partido de la extrema derecha…’. Naturalmente TVE nunca menciona a Podemos como ‘el partido de la extrema izquierda’, ni a Bildu como un partido pro etarra, ni a ERC o a PDeCAT como pro golpistas catalanes. 

Esta burda manipulación de la televisión oficial del Estado se completa cuando desde el Gobierno de la Nación se presenta el pacto de PP y Cs para gobernar Andalucía con apoyo externo de Vox como un peligro para la Democracia española. 

Pero al Gobierno de Pedro Sánchez les parece algo natural y democrático su intento de pacto de los Presupuestos de 2019 con los partidos golpistas ERC y PDeCAT, el pro etarra Bildu y Podemos. Un partido de Pablo Iglesias anti constitucional (como los tres anteriores) que además niega la existencia de la Democracia y del Estado de Derecho en España cuando afirma que ‘en España hay  presos y exiliados políticos’, en alusión a los autores del golpe de Estado catalán. 

TVE y el Gobierno, de todos los españoles, no pueden actuar de semejante manera. Otra cosa es que las calificaciones y descalificaciones políticas las haga el PSOE en el marco de la batalla política e ideológica y en vísperas de las varias citas electorales que están al llegar. 

En cuanto a la irrupción de Podemos y Vox en la política nacional conviene señalar que ambos ‘partidos populistas’ de izquierda y derecha se abrieron paso, respectivamente, por los destrozos sociales que provocó la pésima gestión de la crisis financiera de 2008 por parte del Gobierno de Zapatero, quien para tapar su giro a la derecha abrió el debate de la Guerra Civil.

Y más adelante por el duro ajuste social del Gobierno de Rajoy y los casos de corrupción del PP. A lo que hay que añadir la debilidad y pésima gestión del golpe catalán por parte de Rajoy. 

A lo que siguieron los pactos contra natura constitucional de la moción de censura de Sánchez contra Rajoy y el entreguismo del gobierno del PSOE al golpismo catalán, con escandalosas concesiones al Ejecutivo de un Torra que ha insultado a España y al Rey, y que aplaude la violencia en Cataluña y propone la vía bélica de Eslovenia para la independencia catalana. Y todo ello con el solo objetivo de Sánchez de permanecer en el poder hasta 2020 como lo acaba de reiterar. 

Al tiempo que, como ZP y para ocultar su pacto con los golpistas, Sánchez insiste en relanzar el debate de la Guerra Civil con el pretendido traslado de la momia de Franco, y la apertura de otra nueva fractura política con el uso partidario de la dramática violencia de género, un debate en el que también entraron los partidos de la derecha. 

Todo ello ha conducido a una fractura múltiple de la columna vertebral del pacto constitucional de la Carta Magna de 1978, que ha cumplido 40 años, y del gran acuerdo de la Reconciliación Nacional sobre el que se construyó la Transición. 

Una fractura múltiple de la viga maestra y constitucional del Estado que impide imaginar pactos de gobernabilidad estables entre los partidos que hasta ahora defendían la Constitución, cuya reforma necesaria se presenta como imposible de realizar en un tiempo en el que, como se acaba de ver en Andalucía, en España se va a consolidad la fragmentación del mapa político que seis partes: PP, PSOE, Cs, Podemos, Vox y nacionalistas soberanistas de PDeCAT, ERC, y Bildu a los que se ha sumado el PNV. 

En el fiel de la balanza intenta situarse Rivera desde Cs por el centro político pero sus líneas rojas con Vox y con el PSOE Sánchez y el deterioro electoral del PP de Casado. Lo que impiden ver en el horizonte un parto o alianza de Gobierno constitucional. Lo que provoca incertidumbre en España cuando la economía y el Brexit flaquean y mientras los escándalos de las cloacas del comisario Villarejo inundan los medios de comunicación.

Es cierto que los españoles hemos superado en los pasados años crisis de este nivel y de mayor envergadura pero al día de hoy el horizonte que se atisba en el corto y medio plazo es de fracturas políticas e ideológicas que parecen casi imposibles de soldar y superar.