Amistades peligrosas y fractura nacional

España avanza en el año electoral de 2019 hacia un bloqueo institucional y una fractura nacional por la ausencia de unas mayorías políticas que, de una manera democrática y razonable, permitan la estabilidad y la gobernabilidad entre los partidos nacionales y constitucionales PP, PSOE y Cs.

Lo vemos con los problemas del Gobierno de Pedro Sánchez para aprobar los Presupuestos de 2019, y algo parecido ocurre ahora con la formación de Gobierno en Andalucía, ambos casos bajo el control de fuerzas políticas anti constitucionales y populistas como son PDeCAT, ERC, Podemos y Vox.

Lo que nos lleva a la conclusión de que este país necesita las elecciones generales anticipadas además de las previstas el 26 de mayo, autonómicas, municipales y europeas, para clarificar el mapa nacional.

Y para facilitar pactos de gobiernos estables entre fuerzas constitucionales como los que permitieron la investidura de Mariano Rajoy en 2016 con el apoyo externo de Cs y la generosa abstención del PSOE. Y como ocurrió en la investidura de Susana Díaz en Andalucía en 2015 con la ayuda de Cs.

Pero esta dinámica razonable y constitucional, ahora empeorada tras el golpe de Estado catalán, se ha roto tras el pacto del PSOE de Sánchez con los populistas de Podemos y los separatistas de PDeCAT y ERC durante la moción de censura contra Rajoy.

Y también puede romperse en Andalucía (y en otros gobiernos autonómicos y ayuntamientos) si PP y Cs pactan con los populistas de la derecha radical de Vox, y el PSOE insiste en sus pactos con los separatistas catalanes y los populistas de la izquierda radical de Podemos, tras los comicios de mayo.

Las ‘amistades peligrosas’ de los partidos nacionales y constitucionales con los populistas y separatistas pueden conducirnos a un bloqueo institucional sin precedentes y a tensiones rupturistas inéditas en los pasados 40 años de Transición. Y ahí incluidos el riesgo de violencia y enfrentamientos civiles en Cataluña y la fractura nacional entre partidos constitucionales de la derecha y la izquierda.

Sobre todo si Sánchez, para seguir en el poder hasta junio de 2020, insiste en sus ‘amistades peligrosas’, y debilita el Estado de Derecho al conceder indultos a los golpistas que resulten condenados en la sentencia del juicio que ahora se inicia en el Tribunal Supremo. Y a no descartar, en ese caso, una seria crisis en el interior del PSOE. Máxime si al mismo tiempo y en réplica a todo esto PP y Cs organizan un frente conservador con presencia de Vox.

La primera y mayor responsabilidad en la grave situación en la que estamos inmersos la tienen el presidente Sánchez y el PSOE. A ambos corresponde la iniciativa y responsabilidad de conducir el Estado por una senda segura con la colaboración de PP y Cs para abordar en esta difícil encrucijada una segunda Transición y para lograr el consenso que permita llevar a cabo una moderna, solidaria y eficaz reforma constitucional.