El ‘efecto Arrimadas’ en Andalucía

Inés Arrimadas, jerezana, andaluza, catalana y española parece la estrella emergente en la campaña electoral de Andalucía donde los mítines de Cs están convocando muchos asistentes. En algunos sitios más incluso que los partidos tradicionales del Sur andaluz.

De ahí que sea cierto el pronóstico del importante ascenso de Cs que las encuestas electorales anuncian en menoscabo de PP y PSOE. Hasta el punto que Susana Díaz borró las siglas del PSOE del cartel electoral para personalizar la campaña, sabiendo que se enfrenta: en la izquierda a Teresa Rodríguez de ‘Adelante Andalucía’ (Podemos + IU); y por el centro derecha a Inés Arrimadas (Cs).

La andaluza/catalana que cabalga por Sierra Morena como si fuera su casa y con fama de ganadora. Que lo fue en Cataluña derrotando al nacionalismo en su territorio y dejando en esos lares y muy atrás al PSC-PSOE y al PP.

El ‘efecto Arrimadas’ está funcionando en Andalucía donde los ‘efectos’ de Sánchez y Casado no acaban de funcionar y ello a pesar que el candidato de Cs Juan Marín carece de empatía popular (un ‘Sieso’ se dice por allí) pero sin duda es un hábil negociador y eficaz.

Es esta pareja de damas, Teresa e Inés, la preocupa a Susana y la que de alguna manera están reflejando las encuestas andaluzas de las que según una media ponderada podría desprenderse el siguiente reparto de escaños del Parlamento andaluz de 109 diputados: PSOE 40; PP 25; Cs 22; y AA 22.

Lo que de ser cierto supondría una pésima noticia para Susana Díaz porque tendría que ofrecer la vicepresidencia de la Junta a Teresa Rodríguez y un tercio de las consejerías a pesar de la clara animadversión que Díaz le tiene a Podemos. Y si no lo hace y pretende gobernar en solitario corre el riesgo de que Teresa se enfade anuncie la abstención de los suyos y en ese caso se bloquee la situación y dejen gobernar en minoría a PP y Cs.

Lo que está claro es que en Podemos, después de lo ocurrido con Sánchez en Madrid, no le van a volver a entregar un cheque en blanco al PSOE. Y eso además los andaluces -que son mucho más listos de lo que cree Tejerina- lo entenderían muy bien, exigiendo una coalición de la izquierda andaluza.

Y eso sería tanto como meter la zorra en el gallinero exclusivo del PSOE durante los pasados 40 años, lo que de por sí podría constituir el inicio del fin del patio sevillano del monipodio andaluz. Lo que ya sería un vuelco muy importante en la política andaluza y nacional porque ello tendría repercusión en Madrid.