Sánchez preso del indulto a los golpistas

Imaginen, por un momento, que Pedro Sánchez es un político muy astuto y maquiavélico que convenció a Iglesias, Junqueras, Puigdemont y Urkullu de que él pondría en marcha una revolución en la política territorial española camino de un Estado Confederal de ‘nación de naciones’, desactivando el juicio del ‘procés’ y aprobando unos Presupuestos ‘sociales’ para 2019.

A sabiendas Sánchez de que todo ello era imposible pero prometiendo la Luna para llegar a la Presidencia del Gobierno de España con tan solo 84 diputados y sin pasar por unas elecciones generales como ocurrió con la moción de censura a Rajoy el pasado 1 de junio.

Elecciones generales que, ahora que fracasan los Presupuestos de 2019, llegarán en el otoño del año próximo después de un año y medio de disfrute del poder y de lograr Sánchez una espléndida jubilación personal y cierta notoriedad internacional, que ahora ampliará en Cuba.

¡Que me quiten lo bailao!, dirá Sánchez para sus adentros después de culpar a ERC y PDeCAT de la ruptura del pacto sobre los Presupuestos de 2019, y a la Fiscalía de imponer el delito de rebelión a los golpistas catalanes, diciendo que él hizo ‘el gesto’ de rebajarlo de la rebelión a la sedición a través de la Abogacía del Estado. Y le dirá a Podemos compungido que él intentó unos Presupuestos sociales pero no pudieron ser por culpa del juicio del ‘procés’.

Sin embargo, y después de engañar a sus compañeros de este ‘Gobierno Frankenstein’ (en el fondo Sánchez prefiere y considera más fácil prorrogar las Cuentas Públicas de 2018 de Rajoy), y si Sánchez quiere seguir en el poder tendrá que quitarse la careta y finalmente no conceder el indulto a los golpistas que serán condenados en el Tribunal Supremo (que lo serán y con duras penas) con el argumento de que el indulto provocaría una gran alarma social y debería someterse previamente a refrendo electoral.

Y también con el argumento impostado, e inventado por Carmen Calvo, de que una vez disueltas las Cortes para convocar elecciones generales en otoño de 2019, por ausencia de nuevos Presupuestos, Sánchez solo será Presidente en funciones y en esas circunstancias será imposible conceder el indulto (aunque Zapatero lo hizo así con el banquero Alfredo Sáenz).

Es decir hay o puede haber tres Sánchez en uno según Calvo: el Sánchez líder del PSOE que ve delito de rebelión en el ‘procés’ catalán; el Sánchez presidente que solo ve sedición en el golpe de Estado; y el Sánchez que está de presidente en funciones y en campaña electoral y que no planteará los indultos hasta que no concluyan las elecciones del otoño de 2019 para no dañar el PSOE.

Sin embargo su pública apuesta por el indulto a los golpistas ha llegado muy lejos y no abandonará el debate político y electoral de aquí hasta finales de 2019. Y ahí incluidas las elecciones andaluzas del próximo 2 de diciembre y las que en la primavera del año 2019 (europeas, autonómicas y municipales) se van a celebrar.

No en vano el indulto a los golpistas se convertiría en un gran triunfo de los promotores del procés que volverían a las andadas, en un desprecio a la Justicia (y al Tribunal Supremo) con grave daño a la imagen de España en la UE y el resto del mundo. Y sobre todo se convertiría en trampolín definitivo para la independencia de Cataluña que permitiría la puesta en marcha de otro ‘procés’.

Sánchez puede engañar a sus aliados, a su partido el PSOE (en cuyo interior el indulto puede causar estragos) e incluso puede engañarse a sí mismo y a su Gobierno. Pero Sánchez nunca podrá engañar a la gran mayoría de los españoles que verían en el indulto una traición al país y que, llegado el caso, se movilizarán para que eso nunca pueda pueda convertirse en realidad.