Sánchez ampara el ataque a La Corona

Al Presidente del Gobierno Pedro Sánchez le molesta que Pablo Casado le acuse de ser responsable y partícipe del golpe de Estado catalán. Pero lo cierto es que el presidente, su vicepresidenta Calvo, varios de sus ministros, el PSOE y el PSC están protegiendo a los golpistas, quieren reducir el nivel de los delitos que se les imputan (rebelión, malversación y desobediencia) y les prometen indultos presionando y dejando en evidencia a la Abogacía del Estado, la Fiscalía y al Tribunal Supremo donde pronto serán juzgados.

Todo esto que hace Sánchez, buscando el apoyo de los golpistas de ERC y PDeCAT a sus Presupuestos de 2019 para permanecer en Moncloa hasta 2020, parece incluir un objetivo más amplio de Sánchez como: liquidar la Transición (embarrando así el 40 aniversario de la Constitución) y abriendo  en España una movilización política y municipal contra La Corona, como la que iniciaron en Cataluña los golpistas soberanistas y Podemos tanto en el Parlament como el Ayuntamiento de Barcelona.

Lo que sin duda se repetirá en otros ayuntamientos catalanes, vascos y de otras provincias de España bajo el impulso de Podemos que tiene bajo su control y embelesadas a las bases más radicales del PSOE. Las que en 2017 votaron a Sánchez (quien no olvida la intromisión de los poderes fácticos en su contra) frente a Susana Díaz en las primarias del PSOE.

Dice Sánchez, mientras juega a liquidar el delito de injurias al Rey, que su Gobierno va a recurrir al TC la reprobación del Parlament contra el monarca. Y lo dice el presidente Sanchez que consintió que en su presencia el fascista Torra menospreciara en público al Jefe del Estado  en Tarragona, Gerona y Barcelona, para luego recibir a Torra en Moncloa, solicitar luego (por boca de sus ministros) la libertad de los presos golpistas -a los que ofrece rebajas de sus delitos e indultos-, mientras envía a su socio Pablo Iglesias a negociar en la cárcel con Junqueras y por teléfono con el prófugo Puigdemont.

Un Iglesias que llama presos políticos y exiliados a los golpistas y que está lanzando una campaña nacional contra la monarquía con el objetivo claro  de en las elecciones municipales de 2019 dinamitar la estabilidad política y la Transición. Objetivos que parecen compartir Sánchez y PSOE, salvo que en este partido alguien dé la voz de alarma y frene esta deriva demencial de su secretario general.

No estamos ante un debate entre Monarquía y República sino ante una crisis democrática (con el Estado de Derecho amenazado por el Presidente), de estabilidad política y unidad nacional. Una crisis en la que Sánchez parece que, con sus amistades golpistas y desestabilizadoras, está sacando al PSOE del consenso constitucional de la Transición con disimulada maldad pero todo apunta que con paso firme y rumbo decidido.

Quizás por ello Pedro Sánchez consintió, en su presencia, el desprecio de Torra al Jefe del Estado sin darle la menor importancia. Y luego le traicionó su ‘subconsciente republicano’ durante la recepción de la Fiesta Nacional en el Palacio Real donde se homologó con los Reyes en lo que luego se explicó como un error de protocolo o un lapsus presidencial.