La desesperación de Sánchez y la maldición de Rajoy

La ‘Alianza Frankenstein’ con la que Pedro Sánchez ganó la moción de censura contra Mariano Rajoy y alcanzó la presidencia del Gobierno era un cóctel Molotov –‘la maldición de Rajoy’- que podía estallar en cualquier momento y que en la actualidad tiene la mecha encendida.

Y todo ello por culpa de un Gobierno feminista (y machista en el caso de la ministra Delgado) e improvisado con un grupo de políticos sin experiencia y sin contrastar que hace agua por los cuatro costados.  Empezando por la vicepresidenta Calvo que solicita el recorte de la libertad de expresión y un presidente que va improvisando decisiones populistas y actúa como un mal equilibrista en la cuerda floja del poder desde donde empieza a especular con un posible adelanto electoral.

Los ex ministros Maxìm Huerta y Carmen Montón están muertos, la titular de Justicia, Delgado, es un zombi y el ministro de Ciencia y Tecnología, Duque, más que astronauta parece un OVNI. El calendario de Sánchez para aprobar los Presupuestos de 2019 ha sido bloqueado y los soberanistas catalanes se impacientan y exigen la liberación de los golpistas presos, mientras Pablo Iglesias pide los ceses de Duque y Delgado.

En estas circunstancias y, creyendo Sánchez que las encuestas del CIS que adereza Tezanos son ciertas y el PSOE ganaría los comicios con más del 30 % de los votos, el Presidente empieza a pensar en un adelanto   electoral como refugio para su dañado liderazgo y los problemas acumulados en su Gobierno.

Pero para adelantar las elecciones Sánchez debe rectificar su política de concesiones al independentismo catalán y por ello declaró desde Nueva York que si se complica el ‘conflicto catalán’ convocará elecciones. Pero naturalmente después de levantar en Cataluña la bandera de España que había escondido y acusando a Quim Torra de romper el diálogo y avanzar por la senda del ‘choque de trenes’ y la ilegalidad.

En ese tablero de adelanto electoral también juegan sus cartas Quim Torra en Cataluña y Susana Díaz en Andalucía. Torra porque sabe que, salvo concesiones de orden económico, el frágil gobierno de Sánchez no está en condiciones de liberar a los presos preventivos golpistas y menos aún con los escándalos que rodean a la ministra de Justicia y la polvareda nacional que semejante decisión levantaría en toda España.

Y la presidenta andaluza Díaz porque piensa que la mejora electoral de los socialistas que les anuncia el CIS no durará mucho y porque teme la sentencia de los ERE que llegará a primeros de 2019.

Sánchez intentó para controlar a sus aliados un calendario de urgencia para aprobar las Cuentas de 2019 pero PP y Cs le han echado por tierra el plan bloqueando desde la Mesa del Congreso el deseo de Sánchez de burlar al Senado reformando la Ley de Estabilidad Presupuestaria.

Y ahora Sánchez sabe que el tiempo juega en su contra y sus aliados soberanistas y podemitas no van a esperar y le obligarán al adelanto electoral. Y en especial Podemos donde Iglesias ve herido a Sánchez y cree que es el momento de atacar para recuperar electoralmente a su partido exigiendo las cabezas de los ministros Delgado y Duque.

Sin embargo existen dudas sobre el calendario electoral porque si el adelanto es inminente, para final de año, Sánchez no habrá podido en ese tiempo consolidar sus reformas sociales ni la exhumación de los restos de Franco y habrá fracasado en su diálogo en Cataluña. Y, por supuesto, no tendrá Presupuestos de 2019 ni la mejora del gasto social en 6.000 millones y deberá renovar los Presupuestos de 2018 de Rajoy.

El ex presidente del Gobierno que ahora trabaja como Registrador en Madrid, que se negó a dimitir durante la moción de censura y facilitó con ello la llegada de Sánchez a La Moncloa y cuya alargada sombra se proyecta como una maldición sobre el presente y futuro de Sánchez.

El mismo Sánchez que renació en la secretaría general del PSOE y el que, por segunda vez también -tras su fallida investidura en 2016- aspiró a la presidencia del Gobierno en la moción de censura que ganó y que se está convirtiendo en un certero y mortífero boomerang.