Esperando la Diada

Parece como si el tiempo de la política española se hubiera congelado y sus primeros actores hubieran quedados convertidos en muñecos inmóviles del un Museo de cera de Madame Tussaud, porque e pesar de las muchas e importantes cosas que están pasando en España y en el mundo (y qué decir de La Casa Blanca), ahora, en nuestro país y mientras esperamos la Diada de mañana no pasa nada especial.

España parece un balneario y hasta el insultador Quim Torra se ha quedado quieto (sin pisar la raya de la Ley) y en una simple arenga para la Diada con su discurso de la nada. Mientras en Madrid Pablo Casado y Albert Rivera no saben que hacer para hacer Oposición  piden un 155 como los niños piden una vídeo consola a los Reyes Magos.

Y allá a lo lejos en La Moncloa Pedro Sánchez celebra encantado sus cien primeros días en la Presidencia del Gobierno, como si hubieran pasado 100 años, y recibe condescendiente a su costalero Pablo Iglesias, al que le dice tranquilo, Pablo, tranquilo, porque ‘habrá globitos para todos’.

Luego el presidente Sánchez, que mira con desdén los anunciados comicios de Andalucía y tras el despertar de una apacible siesta del carnero, anuncia a los cuatro vientos que ha tenido una revelación y en consecuencia solicita  a los españoles 12 años de Presidencia (tres legislaturas) para completar su fastuoso proyecto político.

Mientras tanto olvidado queda el terremoto de Lehman Brothers de ahora hace 10 años cuando la economía mundial saltó por los aires y en España estalló la burbuja inmobiliaria ante las narices de un presidente incapaz y ciego llamado Zapatero. El que luego preso de pánico confesó que pasaba las noches en vela esperando la cotización del índice Nikkei que venía de Japón.

Hace poco más un año el prófugo hoy de la política Mariano Rajoy decidió, tarde y mal, aplicar el 155 en Cataluña, destituyó al presidente Puigdemont y a todo su Gobierno (varios de ellos en prisión y otros en fuga), disolvió el Parlament y convocó de manera precipitada elecciones catalanas que los soberanistas unidos volvieron a ganar para destronar su derrota.

Pero no pasó nada. Algún ruido soberanista, unos lazos amarillos, la fuga cobarde de Puigdemont y mucha preocupación a la espera de la sentencia del Tribunal Supremo que llegar llegará.

El golpe catalán fracasó, su república no prosperó, nadie en el mundo les reconoció, se fugaron miles de empresas y los soberanistas gastaron un cartucho que no podrán volver a disparar en muchos años. Y si ahora en esta Diada o después se lanzan por la vía del enfrentamiento civil entonces el 155 se volverá aplicar pero para la suspensión ‘sine die’ de la Autonomía de Cataluña y en ese caso tampoco nada pasará.

Eso sí, en Cataluña se vive un ambiente irrespirable con la sociedad rota y enfrentada, sin Gobierno ni gestión, con la economía y el empleo dañados y la imagen de Barcelona destrozada en el ámbito internacional.

Y sabido es que estas heridas no se curarán a corto ni a medio plazo como sabemos que algún día habrá que saber e investigar cómo se fraguó este demencial golpe catalán y cómo se financió y se montó su gran aparato de propaganda. Asuntos estos que aún siguen pendientes de dilucidar en una detallada e implacable indagación.

Pero mientras tanto ya tenemos otra vez la Diada con lamentos amarillos y  el aniversario del referéndum del 1-O que no existió como tal. Porque lo que finalmente se impuso fue el discurso del Rey Felipe VI del 3-O (que tanto le gusta a Torra) exigiendo al entonces displicente presidente Rajoy restaurar de manera decidida e inmediata el orden constitucional. Y así se hizo y ahí sigue para que todos lo respeten sin pisar ni por asomo las rayas rojas de la Constitución y la Legalidad.