Sánchez, el funambulista malabar

GRAF1767. SANTA CRUZ (BOLIVIA), 28/08/2018.- El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a su llegada hoy a la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, donde se reunirá con el presidente del país, Evo Morales, en el marco de la gira que está realizando por cuatro países latinoamericanos. EFE/J.J. Guillén |

El Presidente Sánchez no solo camina sobre la cuerda floja de su mandato como un funambulista sino que además lo hace sobre un abismo y a la vez hace juegos malabares con el desafío catalán, los Presupuestos de 2019, la inmigración y la exhumación de los restos de Franco, entre otros problemas a los que se enfrenta este otoño su frágil Gobierno con el solo apoyo seguro de los 84 diputados del PSOE.

Pero en este el ‘más difícil todavía’ Sánchez no solo depende de su propia capacidad de mantener el equilibrio en la travesía del otoño que tiene por delante sino que está en manos del prófugo Carles Puigdemont.

El que por un lado lo llevó a La Moncloa apoyando la moción de censura en contra de Mariano Rajoy y el que en cualquier momento podría derribar a Sánchez si por ejemplo el PDeCAT vetará en el Congreso de los Diputados la exhumación de Franco y el techo de gasto de los Presupuestos de 2019.

Sánchez advierte por su parte a Puigdemont y a su séquito soberanista de que si agrede a su presidencia y la Generalitat desborda la legalidad y ataca el orden constitucional, no dudará en proponer al Senado (que controla el PP) la aplicación del artículo 155 de la Constitución para así destituir como presidente de la Generalitat de Cataluña a la marioneta de Puigdemont que se llama Quim Torra.

Pero si llegara ese crucial momento para Sánchez, que haría rechinar las cuadernas de la ambigua barca del PSC, el PP y Cs le exigirían a Sánchez en justa reciprocidad la convocatoria de elecciones generales anticipadas, una vez que Sánchez habría sido traicionado por aquellos que lo apoyaron en la moción de censura contra Rajoy para llevarlo al poder.

El funambulista de La Moncloa depende de Puigdemont y de las ganas que tenga el prófugo de Waterloo de que su compinche Torra se quede durante un tiempo de presidente de la Generalitat o corra el riesgo de la destitución.

Asimismo, a Torra le queda la oportunidad de convocar nuevas elecciones catalanas (serían las quintas en los últimos ocho años), pero con carácter ‘plebiscitario’ y como sucedáneo de un nuevo referéndum, a ver si superan el 50% de los votos del censo.

Las espadas pues siguen en alto entre Barcelona y Madrid, pero el punto de apoyo del soberanismo está en Waterloo y prepara para la Diada del 11-S y el aniversario del 1-O, su próxima embestida y movilización contra el Estado.

Y mal haría Sánchez en buscar un gana tiempo con oscuras concesiones a los soberanistas porque sabe, o debe saber, que por encima de su estancia en el poder de La Moncloa está la unidad y el interés general de España y la imprescindible colaboración de los tres partidos constitucionales. Y eso es lo que el Presidente Sánchez nunca debe olvidar como a buen seguro que su ministro de Exteriores Josep Borrell a menudo se lo recordará.